COPE
Desde que Hezonja ajusticiara a Valencia Basket en las semifinales de la Copa del Rey que ya parecía ganada por Valencia Basket, algo pareció cambiar en las cabezas de los valencianos. Vaya por delante que los blancos son un equipazo, una plantilla larga y talentosa, con un entrenador experto y ganador. Pero desde entonces no ha acabado el conjunto taronja de competir sin vértigo ni dudas. Los madridistas vencieron bien en el Wizink en Euroliga (96-79) y en ACB en el Roig Arena (82-96). En OAKA se repitió la historia. Era un escenario descomunal, la Final 4, y algo no funcionó. La cabeza. Ya en los primeros compases, con Taylor sobre Campazzo y Badio sobre Hezonja, no se consiguió lo buscado. Tapar la visión de Facu y poner la responsabilidad en el croata. El balcánico le sacó dos faltas al senegalés y ya le condicionó para el resto del encuentro. Y encima, la superioridad física le generó confianza. Se fue hasta los 25 puntos, un azote. Castigó dentro y fuera. Sus triples contagiaron optimismo. El acierto trajo más acierto. Del 6-13, primer tirón blanco, un gran Key conectó a los suyos, para que se recompusieran para cerrar los primeros diez minutos en un 28-26. Sin estar bien del todo, se había equilibrado el juego. Pero no fue un punto de partida, sino de giro, porque con la entrada de Feliz todo cambió. El dominicano subió el listón de agresividad de su equipo y el Madrid empezó a dominar los tableros. El suyo y el del rival. Nada volvió a ser igual. Valencia Basket sintió la voracidad del Madrid, su puntería, ese 10 de 16 en triples, que soportó como pudo. De hecho, lo mejor de la primera mitad fue acabar solo seis abajo, 56-62, la más anotadora de la historia. En parte, gracias a Montero, que tuvo su arrebato de clase. Pero el rebote era blanco, el listón físico lo marcaban también, y no se hilaban varias acciones positivas de forma seguida. Así pasaban minutos sin que las sensaciones mejoraran, más bien al contrario. Hezonja volvió a aparecer, con la ayuda de Deck, y el Madrid ab rió brecha. Una brecha en el alma con cada rebote ofensivo y castigo en segunda opción. Con un peligroso 73-86 se cerró cuarto. ¿Vendrían el arreón de cada partido de los valencianos? Era la esperanza de todos, pero nunca llegó. Una buena defensa, no se cerraba el rebote y algún madridista acababa anotando en la segunda opción. Otro pedazo de alma suelto. Los taronja lo intentaron, pero sin acierto, y el Madrid se dedicó a hacer lo que mejor se le da, ganar. Con diez rebotes ofensivos más que los valencianos, los blancos fueron gestionando los momentos del choque sin demasiados sobresaltos. Habían sido mejores. Se noto su hábito ganador en estos escenarios. Ahora toca aprender, metabolizar el dolor y multiplicar el orgullo. Estar aquí en Atenas da ganas de volver a otra Final 4.
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