Diario de Noticias
Hay personas que hablan de la ciencia como algo frío, lejano, casi inalcanzable. María Unceta-Barrenechea la cuenta de otra manera: con nombres propios, con llamadas de teléfono, con enfermeras que avisan de un nuevo efecto secundario y con pacientes que, después de meses duros, vuelven a preocuparse por unas simples patas de gallo, por ejemplo. Ahí, precisamente ahí, es donde ella encuentra el verdadero sentido de su trabajo.
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