El Plural
Itamar Ben Gvir no necesitó pronunciar un largo discurso para explicar su proyecto político. Le bastó con colocarse frente a activistas de la flotilla humanitaria detenidos y esposados, señalarles como enemigos y convertir su arresto en una escena de escarnio público. El vídeo, que ha provocado una nueva ola de críticas contra el ministro israelí de Seguridad Nacional, condensa la lógica que ha marcado su ascenso: provocación, castigo y deshumanización de quienes desafían la ofensiva israelí sobre Gaza. Reuters ha informado de una condena internacional amplia tras la difusión de las imágenes, en las que se ve a activistas arrodillados y con las manos atadas después de la interceptación de embarcaciones de ayuda en aguas internacionales. La escena no es una anomalía ni un exceso puntual. Ben Gvir ha hecho de la humillación pública una herramienta política, una forma de exhibir autoridad ante su electorado y de lanzar un mensaje inequívoco a quienes tratan de romper el cerco humanitario sobre Gaza. En su universo ideológico, los activistas solidarios no son interlocutores ni civiles con derechos, sino enemigos a los que se puede degradar ante las cámaras. La polémica ha sido tan estridente que incluso dirigentes israelíes han tratado de marcar distancias con la puesta en escena, aunque Netanyahu ha defendido la interceptación de la flotilla. El ultra que Netanyahu convirtió en ministro Ben Gvir no es un actor secundario dentro del Ejecutivo israelí. Es una pieza imprescindible para la supervivencia política de Benjamin Netanyahu y uno de los rostros más reconocibles de la extrema derecha religiosa, colonial y supremacista que hoy condiciona la agenda del Gobierno. Líder de Poder Judío, ministro de Seguridad Nacional y referente de los sectores más duros del sionismo ultra, su trayectoria ayuda a entender hasta qué punto la política israelí ha desplazado sus límites hacia posiciones que antes estaban en los márgenes. Durante años, Ben Gvir fue conocido como un agitador de la extrema derecha israelí, vinculado al universo ideológico del rabino Meir Kahane, fundador de un movimiento racista y ultranacionalista que acabó ilegalizado en Israel. Associated Press recuerda que Ben Gvir fue excluido del servicio militar por sus posiciones radicales y que arrastra un historial de condenas penales, incluida incitación al racismo y apoyo a una organización terrorista. Su pasado no le impidió llegar al corazón del Estado. Al contrario: Netanyahu lo incorporó al Gobierno porque lo necesitaba. Tras años de crisis política, elecciones repetidas y bloqueo institucional, el primer ministro israelí encontró en la extrema derecha la vía para regresar y mantenerse en el poder. La consecuencia fue la entrada en el Ejecutivo de fuerzas que no solo rechazan cualquier horizonte de Estado palestino, sino que defienden una lógica de dominio permanente sobre la población palestina. Como ministro de Seguridad Nacional, Ben Gvir controla competencias sensibles vinculadas a la policía, la seguridad interna y las prisiones. Desde ese puesto ha impulsado una política de mano dura, ha defendido el armamento de civiles judíos y ha promovido un endurecimiento del trato a presos palestinos...
Go to News Site