El Plural
Los recientes movimientos del presidente estadounidense, Donald Trump, han hecho saltar las alarmas en el Viejo Continente. Los socios de la OTAN miran con temor hacia la Casa Blanca tras las decisiones de retirar miles de soldados estadounidenses de Alemania, revisar un despliegue previsto en Polonia y de poner en marcha la iniciativa de congelar el proyecto de estacionar misiles Tomahawk en territorio alemán, gestos geopolíticos que han agitado el tablero mundial y que han hecho que aflore el temor en la Alianza ante una posible reestructuración o en cambios sustanciales de cara al futuro. Y es que aunque desde el Pentágono se han puesto esfuerzos en asegurar que la reducción de su presencia en Europa será gradual y no afectará a la capacidad defensiva de la Alianza, las cejas se han arqueado igualmente. Desde ciertos sectores, la retirada de las tropas en Alemania se toma como una represalia por la falta de apoyos en la guerra de Irán, en contraposición, precisamente, al refuerzo de Polonia con el anuncio de Trump de enviar 5.000 soldados a este país. El rumbo de Washington parece claro si se atiende a estas señales: mantener una relación con el resto de miembros que se limite a cooperar si responde de manera directa a sus intereses estratégicos y desentenderse en cualquier otro contexto. Intereses los de la Casa Blanca, por otra parte, que cada vez se centran más en los suelos americanos y asiáticos que en los europeos. "Adaptación gradual" de la presencia militar Este viernes, se reunieron los ministros de Exteriores de la OTAN en Helsingborg (Suecia), en una reunión en la que participó también el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio. Las relaciones entre los socios de la Alianza se encuentran ciertamente dañadas y se espera que las conversaciones mantenidas hayan servido para recalibrar posiciones, especialmente cuando Estados Unidos se plantea una adaptación gradual de su presencia militar en suelo europeo para orientarse hacia un nuevo modelo de cooperación, alejándose del actual, en el que la defensa se hacía de manera anticipada y sobre el terreno, y pasando, aparentemente, a un tipo de relación bilateral en el que solamente se atenderán las necesidades defensivas del resto de socios si entran en conflicto con los intereses de Washington. En otras palabras, Estados Unidos opina que la dependencia de Europa debe acabar. Así lo diagnosticaba precisamente el secretario general de la alianza, Mark Rutte, que hacía suyo el relato de la Casa Blanca: "Esta excesiva dependencia debe terminar", señalaba desde Suecia, en línea con las presiones de la Casa Blanca para que Europa asuma más carga en su propia defensa. "Es correcto que reequilibremos para que Estados Unidos también pueda orientarse más hacia otros escenarios", incidió el neerlandés, sin especificar a qué se refería. El coordinador de la Alianza tiene ahora entre sus labores contener a Trump y evitar que la ruptura se afiance aún más, presentando el repliegue de las tropas estadounidenses no como una ruptura, sino como una salida negociada hacia...
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