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La terapia con perros abandonados que transforma a los presos de la cárcel de Málaga: ''Nos devolvéis la vida'' | Collector
La terapia con perros abandonados que transforma a los presos de la cárcel de Málaga: ''Nos devolvéis la vida''
Cope Zaragoza

La terapia con perros abandonados que transforma a los presos de la cárcel de Málaga: ''Nos devolvéis la vida''

El sonido metálico de los cerrojos es la banda sonora de la privación de libertad en una cárcel. Sin embargo, en el centro penitenciario de Málaga, esas mismas puertas se abren periódicamente para los internos del Módulo 5, el de salud mental, gracias al proyecto 'Abriendo Puertas'. Esta iniciativa reúne a reos que cumplen condena con perros abandonados, creando un vínculo sanador para ambos. Detrás de este programa se encuentran la Fundación Nilo, liderada por José Carrasco, y la Asociación Olvidadogs, cuyo responsable es Adrián Navarro, también fundador de Adiestramiento Canino LOPECAN. El proyecto, que cumple su segundo año consecutivo con un notable éxito, se inspiró en una iniciativa similar desarrollada en Barcelona. José Carrasco, de la Fundación Nilo, explica que conocieron el formato hace nueve años a través de una formación con Albert Ayala. "Nos interesamos por ese proyecto y, a raíz de que montamos la fundación hace un par de años y Adrián montó su asociación, dijimos: 'venga, pues vamos a darle una oportunidad a los perritos que tiene Adrián'", comenta Carrasco en los micrófonos de COPE MÁS Málaga. El objetivo principal es ofrecer a estos animales una educación que facilite su adopción y les brinde una segunda oportunidad. Para los internos, la llegada de los perros supone una evasión de su realidad. Aunque participan en otras actividades como cerámica o pintura, el impacto emocional de la terapia con animales es incomparable. "Siempre nos dicen lo mismo: que les hacemos salir de aquí, que no piensan que están en la prisión, que les devolvemos la vida", relata José Carrasco. Los reclusos se centran en adiestrar a los perros, olvidando temporalmente su situación y descubriendo capacidades que no creían tener. Esta interacción genera una mejora a nivel emocional y personal que difícilmente se consigue con otras terapias. La dinámica de las sesiones, que duran entre una hora y media y dos horas, está cuidadosamente estructurada. Además de Carrasco y Navarro, participa un grupo de voluntarios y terapeutas que gestionan la interacción. Los internos se dividen en grupos y a cada uno se le asigna un perro según los perfiles. Durante este tiempo, se realizan actividades de educación canina, obediencia y control de impulsos. Según Adrián Navarro, el programa busca que los internos "empiecen a tener un poquito de empatía, que aprendan a esperar su turno, que ayuden a los compañeros, y a través de eso, pues nos ayudamos todos, los perros y ellos". El interés que despierta el taller es enorme. La participación es voluntaria, pero la demanda supera con creces la oferta. "Tenemos lista de espera", confirma Carrasco. "Si se va uno, pues quieren venir tres". Esta popularidad refrenda el valor de la iniciativa, que es descrita por los organizadores como "la más atractiva" para los internos del módulo. Todos tienen derecho a apuntarse, pero la alta demanda obliga a gestionar las plazas de forma rotativa, demostrando el impacto positivo que tiene en la vida del centro. El proyecto también busca transformar la percepción social sobre los reclusos y dotarles de herramientas para su futura reinserción en la sociedad. "Lo que hacemos es intentar darles herramientas para que cuando salgan, pues puedan desenvolverse en la vida", señala Carrasco. El feedback que reciben de los internos es profundamente conmovedor. En los informes semanales que rellenan, expresan sentimientos que a menudo les cuesta verbalizar, como el agradecimiento por el tiempo altruista que los voluntarios les dedican. "Dicen que vamos a perder nuestro tiempo para ayudarles, cuando ya no se merecen que le ayude nadie", explica Carrasco, quien añade que leer sus reflexiones "te pone la piel de gallina". Los otros grandes protagonistas de esta historia son los perros de la Asociación Olvidadogs. Adrián Navarro explica que seleccionan para el programa a "los perros que acogemos que llevan mínimo 3 años buscando hogar o se han visto en situaciones bastante complejas de maltrato". Estos animales, que viven encerrados sin culpa, generan una fuerte empatía en los internos. El programa no solo los educa para hacerlos más adoptables, sino que también les da visibilidad. "Un perro educado siempre va a ser más fácil de integrar en una familia que un perro que no lo está", subraya Navarro. La dificultad para encontrar un hogar para estos animales se debe a varios factores. Algunos arrastran problemas de comportamiento derivados de traumas pasados, mientras que otros son víctimas de estigmas, como ser de una raza PPP y de color negro. El programa 'Abriendo Puertas' les ofrece una plataforma para demostrar su verdadero carácter. Además, la visibilidad que gana la asociación ayuda al resto de animales que esperan una oportunidad. Aquellos interesados en adoptar pueden contactar con la asociación a través de sus redes sociales (Instagram: asociacion olvidadox o adiestramiento caninolopecan). Como incentivo adicional, "todos los perros que salen adoptados de Olvidadogs tienen adiestramiento gratuito de por vida", aclara Navarro. Uno de los participantes caninos es Trébol, un cruce de pastor alemán con pastor belga malinois de un año y medio. Su historia es la de un superviviente. Fue decomisado por la Policía Nacional a una persona que lo maltrataba y lo usaba para cargar chatarra con solo diez meses. Este pasado traumático le generó una inicial aversión a las personas. "Gracias a lo que estamos haciendo en el programa, pues estamos consiguiendo que socialice con diferentes perfiles", explica Navarro. El objetivo es solucionar este problema para que pueda ser adoptado y tener la vida que merece. La adopción es un acto de gran responsabilidad, y desde la asociación se aseguran de que la unión entre el perro y la familia sea la correcta. "No todo perro es para cualquier persona ni no toda persona es para cualquier perro", afirma Adrián Navarro. Por ello, estudian a fondo el perfil de los adoptantes para garantizar que el animal será feliz y evitar que sufra un nuevo abandono. Si una familia no es compatible con el perro que le interesa, el equipo les ayuda a encontrar otro que sí se ajuste a su estilo de vida, asegurando un final feliz para todos.

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