INFORMACION
Son escenas que irritan más que cualquier cartel de “prohibido”. Una acera limpia, un perro que se agacha, un dueño que mira alrededor y sigue caminando como si nada hubiera pasado. La explicación fácil es pensar que se le ha olvidado la bolsa. A veces será eso. Pero cuando ocurre de forma repetida, la psicología social apunta a algo más incómodo: no es solo despiste, es una decisión favorecida por el anonimato y por una baja percepción de responsabilidad hacia los demás.
Go to News Site