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Un 70% de la fruta que se consume en España contiene restos de plaguicidas. Esta es la principal conclusión del informe 'Directo a tus hormonas', elaborado por Ecologistas en Acción a partir de datos oficiales de la Agencia Española de Consumo y Seguridad Alimentaria (AESAN). Así lo ha explicado Kistiñe García, coautora de la investigación, en 'Fin de Semana' con Cristina López Schlichting, donde ha desgranado los hallazgos del estudio. García ha aclarado que su análisis va un paso más allá de la normativa vigente, que solo mide si se supera el Límite Máximo de Residuo (LMR) legalmente permitido. El informe pone el foco en la presencia de cualquier residuo, por pequeño que sea, prestando especial atención a los disruptores endocrinos. Estas sustancias, ha advertido la experta, "pueden tener un efecto con exposición crónica tanto en la salud como también en el medio ambiente" incluso en cantidades muy pequeñas, sobre todo cuando se mezclan con otros plaguicidas. Una de las creencias más extendidas es que pelar la fruta elimina los pesticidas, pero la investigadora ha matizado esta idea. Aunque ciertos fungicidas se aplican después de la cosecha y se concentran en la piel para mejorar la conservación durante el transporte, muchos otros plaguicidas se utilizan durante el crecimiento de la planta. Esto significa que las sustancias también están presentes dentro de la pulpa, como en "la uva o la manzana". Por ello, ha sentenciado que "quitando la piel solamente no quitas esos plaguicidas". El estudio no se limita a las frutas y ha detectado plaguicidas en el 46% del total de las muestras analizadas, incluyendo productos como el té, el cacao o las leguminosas. Kistiñe García ha destacado una diferencia clave: los alimentos importados presentan una tasa de contaminación mucho mayor. Mientras que en los productos de producción española el porcentaje de muestras contaminadas era del 39%, la cifra se dispara hasta el 72% en los importados. Ante estos datos, la investigadora ha señalado que una de las conclusiones más claras del informe es la recomendación de consumir producto local y, a ser posible, de temporada. Esta práctica no solo garantiza un mejor sabor, sino que también reduce la exposición a las sustancias químicas que se utilizan para la conservación de los alimentos durante los largos procesos de transporte y refrigeración. El informe también arroja algo de luz y esperanza. No se han detectado residuos de plaguicidas en el agua, las semillas y los alimentos infantiles. En este último caso, García ha explicado que se debe a que "están regidos por una normativa más estricta" y que, en los diez años que llevan realizando el estudio, los productos para bebés siempre han aparecido libres de contaminantes. Sin embargo, la experta ha lanzado una última advertencia sobre la persistencia de sustancias prohibidas hace décadas. Es el caso del DDT, un insecticida prohibido desde hace mucho tiempo pero que, según ha lamentado, "lo seguimos encontrando cada año en carne y en pescado", lo que demuestra la dificultad de eliminar por completo estos compuestos del medio ambiente y la cadena alimentaria.
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