Diario Crónica
Hay colores que sanan. No porque tengan propiedades medicinales que se puedan recetar en una farmacia, sino porque tienen el poder inmediato de irrumpir en la monotonía gris de los pasillos de un hospital. En Comodoro Rivadavia, esa irrupción estética y emocional cumple diez años. Una década desde que la primera promoción de Payamédicos locales decidió ponerse la nariz naranja —siempre naranja, nunca roja— para cambiar el clima de las salas de internación.
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