COPE
El mercado del alquiler en Barcelona se ha convertido en una carrera de obstáculos tanto para inquilinos como para propietarios. Para visibilizar esta tensión, un agente inmobiliario ha decidido documentar en tiempo real lo que sucede al publicar un anuncio de un piso de 850 euros. La vivienda es un ático reformado con terraza, de una sola habitación y sin ascensor, cuyo precio se ajusta a la nueva regulación de precios, un factor que lo hace especialmente atractivo. El objetivo del experimento es claro: “Vamos a medir el drama que supone poner una vivienda en alquiler, no solo para los que trabajamos en esto, sino para que veáis la cantidad de contactos que recibimos y el drama que supone para la gente que busca”, señala el profesional. La expectación es alta, ya que, como él mismo indica, “hay una propiedad que sale y, ¿cuántos candidatos podemos llegar a tener en aproximadamente unos 10 minutos?”. El anuncio se publica a las 12:41. Tan solo un minuto después, a las 12:42, el teléfono ya no para de sonar y ya se acumulan tres personas interesadas. La avalancha de llamadas es tal que la gestión se vuelve insostenible casi de inmediato. “Contestar a llamadas es inviable, porque mira, el teléfono no para”, explica el agente, mostrando la dificultad de atender el volumen de peticiones. Por ello, deciden centrarse únicamente en los correos electrónicos que incluyan una breve descripción del perfil del interesado. A las 13:06, apenas 25 minutos después de la publicación, las cifras confirman la magnitud del fenómeno. La bandeja de entrada suma ya 100 correos electrónicos y el registro del teléfono muestra 32 llamadas perdidas. La situación obliga a tomar una decisión drástica: desactivar el anuncio para poder gestionar la enorme cantidad de solicitudes recibidas en un tiempo récord. “Este es el drama que ahora tenemos que gestionar”, afirma el inmobiliario. El siguiente paso es filtrar esos 100 correos para encontrar al “afortunado” que podrá alquilar la vivienda. De ese centenar de aspirantes, solo un pequeño grupo tendrá la oportunidad de ver el piso. “Como mucho, vamos a hacer 4 o 5 visitas”, aclara. Esta criba deja fuera a la inmensa mayoría de los interesados, reflejando la frustración que viven miles de personas en su búsqueda de hogar. El propio agente concluye con un dato demoledor: “El 95% de estas personas que han contactado probablemente no los contactemos, porque ya habrán 5 personas que visitarán el piso”. Su experimento se convierte así en el retrato de un mercado tensionado, donde la oferta es mínima y la demanda, un auténtico aluvión.
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