COPE
Lo que muchos imaginan como un negocio de 'una furgoneta y unas tijeras' puede convertirse en una empresa que supera el millón de euros de facturación anual. Es el caso de Patricio, quien junto a su hermano ha levantado desde cero una empresa de jardinería que hoy opera en otro nivel, llegando a construir jardines de hasta 300.000 euros. Sin embargo, el camino no fue fácil, ya que empezaron con una deuda de 50.000 euros y la incertidumbre de un negocio por construir. La historia de Patricio demuestra que la jardinería es mucho más que podar. "Nosotros hemos empezado con menos 50.000 euros", recuerda. Una anécdota que define sus inicios es la de encontrarse con la cuenta en negativo en Nochevieja de 2014, hasta que un ingreso inesperado de un cliente lo cambió todo. "A partir de ahí, ya para arriba", comenta, subrayando la importancia de la resiliencia y la confianza en el proyecto. El éxito de su modelo de negocio se sostiene sobre tres pilares. Por un lado, el servicio de mantenimiento, que representa cerca del 50% de la facturación anual y proporciona ingresos recurrentes. Por otro, los trabajos puntuales y, finalmente, los proyectos de diseño y ejecución desde cero, que son "el 100% más rentable", según Patricio. Dentro de estos, el cliente privado es el que ofrece un mayor margen de beneficio. Estos ingresos recurrentes son vitales. "Para mí es brutal. Al final, es nuestro flujo mensual", explica. La empresa gestiona contratos con comunidades de vecinos que pueden pagar entre 1.500 y 3.500 euros al mes, aunque tienen clientes particulares cuyo mantenimiento asciende a 9.000 euros mensuales. La duración media de estos contratos de mantenimiento es de cinco años, lo que aporta una gran solidez al negocio. Escalar un negocio de este tipo requiere una inversión considerable. Aunque se puede empezar con "entre 6.000 y 8.000 euros para lo básico, sin contar el vehículo", la empresa de Patricio cuenta hoy con 13 vehículos y ha reinvertido más de un millón de euros en herramientas y maquinaria. "Mi hermano y yo, en 12 años, nunca hemos repartido dividendos, siempre hemos hecho reinvertir en la empresa", afirma. El cliente no solo paga por el trabajo visible. El precio de un servicio incluye la planificación, la maquinaria específica, la retirada de restos vegetales y un informe posterior. En los grandes proyectos, emerge una figura clave: el paisajista. Patricio lo compara con un arquitecto: "Tú necesitas un diseñador, un paisajista, y tú después necesitas una empresa de jardinería que ejecute ese diseño". Un buen paisajista, señala, "puede pedir lo que quiera", con proyectos de diseño que alcanzan los 80.000 euros. Uno de los grandes problemas del sector es el intrusismo. "Lo hay, y además un intrusismo malo", lamenta Patricio. Se refiere a personas sin formación que compiten únicamente por precio. "Yo no me puedo bajar al nivel de un chico que te puede venir a hacer el jardín a 10 euros la hora", sentencia, defendiendo la profesionalización y la necesidad de una titulación, similar a la de un electricista. Sin embargo, el mayor peligro no viene de fuera, sino de dentro. "La principal causa por la que fracasan las empresas de jardinería es porque muchas veces están sobredimensionadas", advierte. El error, según él, es "intentar dar servicio a todo" y no saber decir que no. Por ello, considera "vital" la figura de un asesor financiero para cualquier empresa, sin importar su tamaño. A pesar de las dificultades, como la búsqueda de personal cualificado, Patricio sigue siendo un apasionado de su trabajo y anima a otros a emprender en el sector. Su consejo para quienes empiezan es claro: "Que se formen, que no tiren los precios y que se atrevan con conciencia, sabiendo realmente el oficio que están haciendo". Su historia es un ejemplo de que, con gestión, estrategia y pasión, un negocio tradicional puede alcanzar cotas extraordinarias.
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