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La ciudad de València, con una población creciente que ya se sitúa por encima de los 850.000 habitantes y un área metropolitana cada vez más importante desde el punto de vista económico y poblacional, afronta uno de los momentos más delicados de su historia en lo que a movilidad se refiere. La alternancia de dos modelos completamente opuestos, más o menos favorables al coche, ha llevado la ciudad a una situación se semibloqueo que hace peligrar algunas de las medidas claves para el futuro más inmediato. Es el caso de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), la mejora de los transportes públicos, los aparcamientos para residentes o el control de los vehículos de movilidad personal (VMP). Esta misma semana, el concejal de Movilidad (del PP), Jesús Carbonell, se ha enfrentado a los concejales de Compromís y PSPV por los datos de tráfico, acusándose mutuamente de manipulación. Y entre tanto, la sensación entre la población es que la ciudad está cada vez más colapsada. También los transportes públicos. Para los expertos, es necesario generar un modelo único, que dure en el tiempo y que tenga en cuenta al área metropolitana.
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