Faro de Vigo
Todo empezó casi por casualidad, en un pequeño obradoiro de Carballo. Allí hizo un monedero y descubrió que aquel material flexible y noble tenía algo fascinante. El cuero, sus herramientas y el trabajo manual la atraparon para siempre. De eso hace veinte años, y desde entonces Raquel Rey no ha parado. Su taller abierto al público está en una casa de madera en Corme, donde mira el mar desde lo alto. Por eso todas sus piezas llevan algo del paisaje gallego cosido dentro y parte del Atlántico que, ella misma dice, «me ayuda mucho a la hora de crear».
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