Collector
Marguerite Duras escribe de la selva | Collector
Marguerite Duras escribe de la selva
La Opinión de Málaga

Marguerite Duras escribe de la selva

A veces el espacio es todo. Incluso, si te llamas Marguerite Duras. Escribir sobre la lluvia monzónica y la guerra de los Balcanes sin tener ni idea desde una habitación de La Malagueta puede ser de una osadía imperdonable. Pero hacerlo al revés, por más que se anhelen los acabados de interior y la fina mampostería, entraña todavía más dificultad. Marguerite Duras atesoraba todos los mimbres literarios para acabar escribiendo de lo que quisiera y que todo le saliera genial. Sin embargo, lo primero que vieron sus ojos, como los de muchos hijos de la Francia colonial, fue la espesura de la selva de Indochina, con sus niños tronchados por el hambre y la trampa agrícola del arrozal. Eso y a una madre colérica e insoportable, lo que en términos poéticos traza un destino tan tozudo como el de un aspirante a director de cine crecido al calor del hampa de Chicago en los años treinta. Si la tierra golpea no hay forma de escapar de la tierra. Menos aún, cuando la tierra significa lo que significó durante sus años iniciales de vida para Marguerite Duras: algo así como esa metafísica salvajemente terrenal que se te adhiere al cutis y te hace reventar por dentro y por fuera, con esa cosa tan cafre del Antiguo Testamento, de las palmeras de Faulkner, de lo que no se deja vencer.

Go to News Site