El Plural
Venezuela fue primero, y ahora, Estados Unidos tiene sus ojos puestos sobre Cuba para perpetrar una operación similar y tomar el control de la isla. El plan de Washington para La Habana sigue el mismo patrón que el empleado en Caracas: presión, amenazas, ultimátums y si todo ello no funciona, paso a la acción fulminante. Con esa hoja de ruta capturó Donald Trump a Nicolás Maduro a principios de este 2026 y es exactamente el mismo modus operandi que está siguiendo en la isla del Caribe. La asfixia estadounidense a Cuba, que ya se prolonga por muchas décadas, se encuentra ahora en uno de sus puntos más intensos, con una crisis energética sin precedentes y movilizaciones internas que dejan entrever que la agresión sobre el país insular puede estar cerca. La pasada semana, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió en La Habana con altos cargos del aparato de seguridad del Gobierno cubano. Según la información que se hizo pública en varios medios estadounidenses, en la reunión participaron su homólogo, Ramón Romero Curbelo; el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas; y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro. El Gobierno caribeño hizo público el encuentro y los servicios de inteligencia norteamericanos se vieron abocados a confirmarlo, en lo que supuso un gesto muy poco habitual y una imagen con una fuerte carga histórica. No obstante, el mensaje de Ratcliffe estaba lejos de ser pacificador, en tanto que su misión en La Habana fue la de ser el recadero de Donald Trump y no un diplomático convencional, un rol que ya fue ensayado en Venezuela al reunirse con Delcy Rodríguez. El mensaje entonces fue cristalino: si el nuevo poder acepta las condiciones de la Casa Blanca, dispondría de margen para subsistir. En caso contrario, las consecuencias serían catastróficas para el régimen. Un modelo de contacto que la Casa Blanca pretende, ahora, extrapolar a Cuba. "Ningún agresor encontrará rendición en Cuba" "Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba. Tropezará con un pueblo decidido a defender la soberanía y la independencia en cada palmo del territorio nacional". Así respondía La Habana, de la mano de su presidente, Miguel Díaz-Canel, al presidente estadounidense, tras amenazar en primera instancia con tomar el país isleño. El dirigente cubano, cuya cabeza está en juego ahora más que nunca, decidió plantarle cara a su homólogo estadounidense hace un par de semanas, momento en el que Washington llevó hasta sus costas uno de los portaaviones más poderosos del Ejército, el USS Abraham Lincoln. "Estaremos tomando Cuba casi de inmediato, Cuba es lo próximo", amenazaba el estadounidense hace unas semanas. Algunos interpretaron sus palabras inicialmente como una broma, a vista de lo impredecible que es a veces el republicano, pero el envío del portaaviones, el endurecimiento de las sanciones ya existentes y la respuesta del Ejecutivo cubano despejaban las dudas. Las semanas venideras confirmaron lo inminente: las tensiones han seguido creciendo y la actitud del mandatario estadounidense está siendo calcada a la que tuvo...
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