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La 'vía Sanz' inspira a Juanma Moreno para gobernar con el apoyo puntual de Vox
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La 'vía Sanz' inspira a Juanma Moreno para gobernar con el apoyo puntual de Vox

Las elecciones andaluzas del 17-M arrojaron un escenario de incertidumbre sobre el futuro político de la región. El PP de Juanma Moreno sacó el mayor número de votos de su historia, pero en el reparto de los escaños se quedó en los insuficientes 53 diputados para revalidar la mayoría absoluta. Nadie duda de que el popular seguirá siendo presidente de la Junta de Andalucía durante los próximos cuatro años, pero lo que está en el aire es el camino que tomará para lograr el objetivo. Las cuentas son claras y necesita sumar, al menos, el apoyo de dos parlamentarios más para llegar a San Telmo. Esas mismas cifras que evidencian que la única opción real pasa por un apoyo de Vox, que todavía no ha terminado de deshojar la margarita de si quiere un acuerdo puntual o varias consejerías a cambio. El escenario no es nuevo para el PP, que se ha encontrado con esta misma aritmética en el ciclo electoral de Extremadura, Aragón y Castilla y León . En todos ellas, Génova ha acabado por acatar a regañadientes la incorporación de los de Abascal a los consejos de gobierno y hasta ha tenido que comulgar con varios mantras como el de la prioridad nacional, a sabiendas que hay serias dudas legales sobre su legitimidad. Pero en Andalucía, el papel de Núñez Feijóo y de escuderos como Miguel Tellado va a ser secundario. Es Juanma Moreno quien está marcando los tiempos y llevando las riendas de una negociación que ni siquiera se puede dar por iniciada. Lo que sí parece claro es que la fórmula que pondrá sobre la mesa no replica lo ocurrido en el resto de comunidades y la idea es explorar un gobierno en solitario con apoyos puntuales. Sólo le faltan dos diputados, sí, pero es lo suficiente para tener las manos atadas. El planteamiento que gana cada vez más peso en la estrategia de Juanma Moreno no es pionero en su partido, ni mucho menos. Hay experiencias cercanas que confirman que es viable gobernar en minoría, buscar pactos concretos, y resistir de la mejor manera posible durante el mandato. El ejemplo más próximo lo tiene en el Ayuntamiento de Sevilla, es decir, la denominada como 'vía José Luis Sanz'. El alcalde sacó en 2023 un resultado muy parecido al del 17-M. Ganó las elecciones con una mayoría holgada, pero se quedó a dos concejales de la mayoría. Él fue capaz de aferrarse a ser la lista más votada para tomar posesión de su bastón de mando en Plaza Nueva y ha ido salvando sus políticas a través de acuerdos puntuales con Vox, a pesar de que los de Abascal tardaron casi un año en darse cuenta de cuál era su papel en el Salón Colón. Los primeros doce meses entre Sanz y Vox fueron terroríficos. De hecho, su portavoz Cristina Peláez dejó claro que ellos serían «oposición con lupa» a la gestión del gobierno municipal. En aquel verano de 2023 tenían muy claro que lo que querían era sillones en el ejecutivo y que sin eso no habría apoyo alguno. El alcalde salvó los muebles como pudo con varios acuerdos puntuales e inesperados con el PSOE para aprobar la subida del agua o las ordenanzas fiscales. Pero los de Abascal vieron que estaban condenados al más profundo ostracismo, o lo que es lo mismo, que eran inoperantes. Y ahí, después de un duro correctivo en las elecciones europeas por bloquear los presupuestos de la ciudad, Vox cambió radicalmente de postura y llamó a la desesperada a la puerta del despacho del regidor hispalense para buscar pactos en los que ambas partes salieran ganando. «Del PP de Sanz sí nos fiamos» , han asegurado fuentes municipales del partido a este periódico. La realidad actual del Ayuntamiento de Sevilla dista bastante de la de esos primeros meses. En lo que va de mandato, José Luis Sanz ha logrado sacar adelante dos presupuestos (2025 y 2026) con los votos favorables de Vox. También las ordenanzas fiscales o algunos desarrollos urbanísticos como los desbloqueos del Distrito Portuario y el Canal de la Expo o la limitación de las viviendas de uso turístico, entre otros. A cambio, los de Abascal han logrado la rúbrica de dos documentos con medidas concretas con las que han procurado agradar a su electorado. Ahí están, por ejemplo, las oficinas de apoyo a la mujer embarazada o la antiokupación, enarboladas como sus grandes triunfos. Pero además han conseguido que las partidas dirigidas a memoria democrática, a planes de igualdad, a la cooperación al desarrollo o a las subvenciones a sindicatos se reduzcan a la mínima expresión. Vox se ha dado por satisfecho con estos avances, como también lo ha hecho con la declaración como fiesta mayor de Sevilla del día de San Fernando o el de la Inmaculada Concepción. Son conscientes que en estos detalles y en las políticas de seguridad, de freno a la inmigración, de defensa de autónomos, parques empresariales y tradiciones o en el rotundo negacionismo frente al cambio climático, están sus grandes baluartes electorales y eso es lo que se ha tratado de potenciar en los acuerdos con Sanz en los que ambas partes han ganado. El alcalde, por un lado, con un apoyo en el Pleno que le ha dado capacidad de maniobra sin hacer grandes concesiones; y los de Abascal, por el suyo, logrando incluir algunas cuestiones ideológicas que calan entre su electorado y que les hace sentirse útiles sin necesidad de desgastarse en la gestión, algo inevitable si hubieran asumido una o varias delegaciones. La 'vía Sanz', por tanto, se sustenta en un gobierno fuerte en solitario del PP que se apoya en Vox para los asuntos relevantes, a cambio de unas mínimas concesiones que a todos dan por satisfechos. Esa política, diferente a la que Génova ha planteado en Extremadura, Aragón o Castilla y León, es la que sobrevuela en el horizonte de Juanma Moreno. El líder de los populares andaluces, que no dejará que Madrid se entrometa en sus negociaciones, valora como opción efectiva la de formar un gobierno en solitario que se apoye en sus 53 escaños y que busque pactos puntuales en los de Abascal, e incluso en otros partidos si se abren al diálogo, para las reformas de más calado o la aprobación de los presupuestos. Una línea más moderada que tiene antecedentes como el del Ayuntamiento de Sevilla, y con exactamente los mismos protagonistas, que confirman que es viable y eficaz.

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