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La conexión ferroviaria entre Castelló y València se ha convertido, para miles de usuarios, en un trayecto marcado por la resignación. Retrasos, tiempos de viaje cada vez más largos, convoyes saturados y una sensación constante de incertidumbre forman parte de la rutina de quienes dependen diariamente del Cercanías para estudiar o trabajar. Mientras las obras del corredor mediterráneo avanzan lentamente, la movilidad entre las dos ciudades del norte de la Comunitat Valenciana atraviesa uno de sus momentos más cuestionados.
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