Faro de Vigo
Iago Aspas volvió a ejercer de capitán, símbolo y termómetro emocional del celtismo en una noche de celebración en Balaídos. El delantero moañés tomó la palabra ante la afición para poner el broche a una temporada que el Celta despidió con el billete europeo en la mano, pero su discurso dejó también una frase que no pasó inadvertida.
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