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Marisol Gómez recuerda perfectamente el momento en el que volvió a mirarse al espejo. Después de la mastectomía, la quimioterapia, los expansores y las prótesis, llegó el último paso del proceso: la micropigmentación areolar. "Cuando me lo hizo la enfermera y me miré, pensé: ‘Ostras, parezco un poco más normal’", relata.
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