Ultima Hora Mallorca
Éramos inútiles preventivos. Antes de abrir la boca, ya había alguien dispuesto a recordarnos que no servíamos para nada. «Siempre estás en la higuera». «Piensas en las musarañas». «Ves menos que un pulpo en un garaje, con gafas de sol y de noche». Y si uno protestaba, todavía podía caer un sopapo pedagógico acompañado de aquel misterioso «¡Mao Tse Tung!», como si la geopolítica china tuviera algo que ver con nuestras malas notas de matemáticas. Aquella educación confundía la humildad con la humillación. Ahora se ha dado vuelta a la tortilla y nos hemos pasado al extremo contrario. Encendemos la televisión y descubrimos que todos lo valemos. «Nosotras lo valemos», según ciertos anuncios de cosméticos. «Porque tú lo vales», según otros. Con colonia cara y coche deportivo. La publicidad ha comprendido que el ego vende más que el jabón. Compramos autoestima embotellada. Cada individuo merece un premio permanente por el simple hecho de existir. Y uno empieza a preguntarse si realmente valemos tanto o simplemente nos lo hemos acabado creyendo. Debería existir algún término medio. Una zona razonable donde uno pueda sentirse digno sin necesidad de considerarse extraordinario. Todo el mundo merece lo mejor. Todo el mundo exige paso. Todo el mundo se considera especial. Muchos jóvenes son incapaces de apartarse un segundo para dejar pasar a un anciano en una acera estrecha. El viejo se baja mientras el otro continúa erguido, auriculares puestos, avanzando con solemnidad de emperador romano. Él lo vale. El anciano no vale nada. Antes nos reducían para disciplinarnos; ahora nos inflan para vendernos cosas. En ambos casos, alguien manipula nuestra percepción de nosotros mismos. Nadie añora aquellos tiempos en que estudiar parecía una condena minera y la ciencia debía entrar con sangre, sudor y lágrimas. Pero tampoco parece sensato fabricar generaciones enteras convencidas de que son maravillosas por decreto ley publicitario. Valemos unas cosas sí y otras no. A veces acertamos y a veces hacemos el ridículo. Y no pasa nada. Aunque, claro, eso vende bastante menos que un porque tú lo vales.
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