Diario Libre
El actor dominicano Luis José Germán debutó con su primer unipersonal, Todas las Cosas Maravillosas , en Escenario 360, una puesta en escena íntima e inmersiva que rompe la barrera entre actor y espectador para convertir al público en parte esencial de la experiencia teatral. Bajo la producción de la Compañía de Teatro Niní Germán , la obra, adaptación del reconocido texto del dramaturgo británico Duncan Macmillan , narra la historia de un niño que crea una lista de “cosas maravillosas” para ayudar a su madre a reencontrar razones para seguir adelante, construyendo desde ahí una conversación cercana sobre empatía , salud mental , duelo y esperanza. Más allá del texto, la experiencia escénica estuvo marcada por detalles cuidadosamente construidos. La iluminación , precisa y balanceada, acompañaba cada transición del relato, mientras la musicalización , la acertada selección musical, los recursos visuales y pequeños elementos sonoros envolvían la sala en una atmósfera íntima y sensible. Además de la fuerza interpretativa, Luis José Germán mostró también su capacidad vocal , incorporando fragmentos musicales que aportaban cercanía y sensibilidad a la narrativa escénica. La pantalla , utilizada como un elemento narrativo más dentro de la obra, reforzaba recuerdos y sensaciones que conectaban directamente con el público . RELACIONADAS Cultura Obra teatral "Votemos” se estrena este jueves en la sala Máximo Avilés Blonda Uno de los aspectos más poderosos del montaje fue su formato inmersivo . Durante toda la función, el actor se desplazó entre los asistentes, guiándolos e invitándolos a involucrarse activamente dentro de la puesta en escena. Cada espectador presente en Escenario 360 no solo observó la historia: también la interpretó junto a él. De manera improvisada, parte de los asistentes asumieron personajes , respondieron preguntas y participaron activamente dentro de la trama, generando escenas cargadas de humor , espontaneidad y vulnerabilidad . Las respuestas auténticas del público provocaron risas compartidas, aplausos espontáneos y silencios conmovedores que hicieron que la función adquiriera vida propia. A medida que Luis José Germán compartía cada número de la lista sobre escena, algunos asistentes leían frases asignadas previamente por el actor. Expresiones como “helado”, “el color amarillo”, “chocolate” o “gente que tropieza” fueron pronunciadas por los presentes. La obra logró que lo cotidiano se sintiera extraordinario, transformando recuerdos aparentemente simples en conexiones emocionales colectivas entre actor y espectadores .
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