Cope Zaragoza
El Papa León XIV ha publicado este lunes 25 de mayo su primera carta encíclica, titulada 'Magnifica Humanitas', un documento centrado en “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. En el texto, el Papa advierte sobre los riesgos de un desarrollo tecnológico sin control ético y propone aplicar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia para que la IA sirva al bien común y no se convierta en un instrumento de poder en manos de unos pocos. La encíclica plantea que la humanidad se encuentra ante una “elección decisiva”, representada por dos imágenes bíblicas: construir una nueva “torre de Babel”, basada en el orgullo y la eficiencia que deshumaniza, o “reconstruir Jerusalén”, una sociedad fraterna edificada sobre la responsabilidad compartida y el diálogo. El Papa alerta de que la primera elección no es entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino sobre el modelo de sociedad que se desea construir. Uno de los puntos centrales del documento es la advertencia sobre la concentración de poder tecnológico en “actores privados, a menudo transnacionales”, que superan en recursos a muchos gobiernos. Según el texto, este poder adquiere un rostro “privado” que lo hace “más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común”. León XIV recupera una advertencia del Papa Francisco para subrayar este riesgo. León XIV critica el “paradigma tecnocrático” donde la lógica de la eficiencia y el lucro gobierna las decisiones, reduciendo a las personas a “engranajes de un sistema”. La encíclica sostiene que la tecnología no es neutral, pues “toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”, y puede generar nuevas dependencias, exclusiones y desigualdades. “Magnifica Humanitas” dedica un apartado a denunciar las “nuevas formas de esclavitud” vinculadas a la economía digital. El texto señala el “trabajo silencioso de millones de seres humanos” en tareas como el etiquetado de datos o la moderación de contenidos, a menudo a cambio de “remuneraciones mínimas”. También se refiere a la extracción de tierras raras necesarias para los dispositivos, donde “adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas”. En este contexto, el Papa León XIV pide perdón en nombre de la Iglesia por el “retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud” en el pasado. Afirma que el recuerdo de la “complicidad y la ceguera del pasado” debe convertirse en un “llamamiento a la vigilancia” en el presente para denunciar con firmeza la trata de personas en sus múltiples manifestaciones actuales. La encíclica aborda con especial preocupación el uso de la inteligencia artificial en el ámbito bélico. El documento advierte que la automatización de las decisiones puede hacer la guerra “más ‘viable’ y menos sujeta al control humano”, bajando el umbral del recurso a la violencia y presentando el conflicto como una opción rápida e impersonal. El texto subraya que el juicio moral no puede reducirse a un cálculo y que, por tanto, “no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales”. Por ello, León XIV hace un llamamiento a “desarmar” la IA, sustrayéndola de la lógica de la competencia armamentística, y a establecer reglas internacionales que frenen esta carrera tecnológica y aseguren la protección de los civiles. Finalmente, el documento propone un camino basado en la responsabilidad compartida de todos los actores sociales, desde los desarrolladores hasta los políticos y los ciudadanos. La encíclica concluye con un llamamiento a “no temer ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo” para construir una “civilización del amor” donde la tecnología esté al servicio de la dignidad humana, la justicia y la paz. El Papa advierte en su encíclica que aunque la IA puede imitar o simular al hombre, "no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva", por lo que pide abordar la IA con sobriedad y vigilancia, "apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados". Por ello, cree León XIV que es necesario un código ético, sometido a criterios de justicia social compartida, eso sí, advierte que "no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos". Además, señala que no hay que olvidar el impacto medioambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono, dañando la Creación.
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