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El juicio en Valladolid de los ataúdes: Las hijas del dueño de la funeraria niegan su implicación | Collector
El juicio en Valladolid de los ataúdes: Las hijas del dueño de la funeraria niegan su implicación
Cope Zaragoza

El juicio en Valladolid de los ataúdes: Las hijas del dueño de la funeraria niegan su implicación

La Audiencia de Valladolid ha acogido una nueva sesión del juicio por el conocido como 'caso del cambiazo de los ataúdes' del Grupo El Salvador. La jornada ha estado centrada en las declaraciones de varios acusados, entre ellos las hijas del considerado como principal responsable, Ignacio Morchón, ya fallecido. Tanto ellas como el resto de empleados que han testificado han negado su participación en los hechos y han señalado a su padre como la única persona que tomaba las decisiones. Laura Morchón Vaquero, hija del propietario y licenciada en Periodismo, ha sido una de las primeras en declarar, contestando únicamente a las preguntas de su abogado. Durante su intervención, ha trazado una cronología de su vinculación con la empresa familiar para desmontar la acusación de que actuaba como directora. Según su relato, no fue hasta 2012 que empezó a encargarse de tareas menores como la gestión de alquileres, y en 2013, con la apertura del nuevo tanatorio, asumió labores de publicidad, que era para lo que había estudiado. Ha afirmado que a mediados de 2013, su padre le indicó: "te tienes que poner a hacer sustituciones de vacaciones porque no voy a contratar a personal. Para eso te pongo yo un sueldo". Por ello, ha definido su puesto como el de una "corre turnos" en recepción, negando en todo momento haber tenido un cargo de responsabilidad o dirección dentro del tanatorio. Sobre su presencia durante el registro policial en el tanatorio, ha explicado que acudió tras la llamada de un trabajador que no lograba localizar a su padre. Ha negado la versión del atestado policial que afirma que se presentó como la directora. "Eso es mentira", ha aseverado, añadiendo que "hasta en 3 ocasiones me tengo que identificar con mi DNI, porque cuando entré allí no sabían quién era". Una semana después de ese registro, fue detenida. Ha relatado que los policías le dijeron que no se preocupara, que iría "a declarar delante de la jueza e irás para casa", pero finalmente pasó un mes y medio en prisión. "Me puse a llorar, tenía 33 años", ha recordado sobre el momento de su detención. Preguntada por los correos electrónicos y una fotografía en un publirreportaje que la policía considera pruebas de su rol directivo, Laura Morchón les ha restado importancia. Considera que los correos sobre la compra de cabeceros para autobuses o la coordinación con una compañera son "muy chorras" para justificar un puesto de dirección. Sobre la foto, ha dicho que el fotógrafo le pidió que posara porque la recepción "quedaba muy grande" y parecía "desangelada". Finalmente, ha justificado los casi 980.000 euros encontrados en el domicilio de sus padres como "la caja de de las empresas", una práctica que, según ella, su padre realizaba desde siempre. Ha negado cualquier participación en la gestión del cementerio, la compraventa de féretros o la contabilidad, insistiendo en que "todo eso hasta que ha podido lo ha llevado mi padre". Su hermana, María del Rosario Morchón, ha reforzado esta idea en su declaración. Ha explicado que ella se ha dedicado a la facturación desde 1990 y que no tenía ninguna función en la administración, la contabilidad o la compra de féretros. Ha descrito a su padre como la figura de control absoluto: "la empresa y él eran lo mismo", y ha asegurado que su madre es "ama de casa" y que su hermana Laura "ni mucho menos" era la directora del tanatorio. Sobre el manejo del dinero, ha afirmado que su padre "hacía y deshacía con el dinero" y que siempre recogía el efectivo de todas las sedes. También ha señalado que era habitual que las familias pagaran los servicios en efectivo, por lo que no le extrañó la cantidad encontrada en el domicilio familiar. En la sesión también han declarado otros acusados, incluyendo a José Antonio Morchón Alonso, hermano del dueño, y numerosos empleados. Todos han negado haber participado o presenciado el cambio de féretros y han coincidido en señalar a Ignacio Morchón padre como el "único jefe", quien daba todas las órdenes sin que nadie pudiera contradecirlas. Varios de los acusados han centrado su defensa en desacreditar al principal denunciante, Justo Martín, el exempleado que destapó el caso. Han argumentado que era imposible que Martín viera lo que anotaba en sus libretas, ya que no coincidían en los turnos de trabajo o trabajaban en centros distintos. José Antonio Morchón ha calificado las acusaciones como "una trampa del señor justo que nos metió en la cárcel". Algunos testimonios han descrito a Justo Martín como una persona que trabajaba solo durante horas, especialmente por la tarde, y que tenía una muy mala relación con el dueño. Uno de los acusados, Guillermo Castañeda, ha sugerido que Martín podría guardarle rencor porque él ocupó un puesto de trabajo que el denunciante quería para su hijo.

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