COPE
La historia de Víctor González es un relato de superación mayúsculo. Tras ser diagnosticado de leucemia con solo 10 años y someterse a dos trasplantes de médula ósea, hoy es un deportista de élite que participa en algunas de las pruebas más exigentes del mundo, como la Titan Desert. González ha compartido su testimonio en el programa “Herrera en COPE Cataluña”, presentado por José Miguel Cruz, donde ha explicado cómo el deporte, y en especial la bicicleta, se convirtió en su motor para renacer y vivir la vida al máximo. Su caso es un ejemplo inspirador en el marco del 50 aniversario del primer trasplante de médula en España. Todo comenzó hace 21 años. Con apenas diez, a Víctor le diagnosticaron una leucemia mieloblástica aguda, un tipo de cáncer en la sangre. La doctora Badell le comunicó que necesitaba un trasplante de médula para sobrevivir. "En aquel caso, tuvimos mucha suerte porque mi hermana era compatible", ha relatado González. Esta compatibilidad permitió que el proceso se pudiera realizar "muy rápido, porque si no es complicado", ha añadido. Sin embargo, un solo trasplante no fue suficiente. "El primero no agarró al 100%", ha explicado Víctor. Por ello, fue necesario un segundo trasplante, también de su hermana. El primero se realizó mediante una extracción directa de la médula ósea de la cadera, pero el segundo se hizo con la técnica de aféresis, que es la que se utiliza habitualmente hoy en día. "Te pinchan en un brazo, se quedan con las células que les interesan y te devuelven tu sangre", ha detallado sobre un procedimiento que, asegura, "es seguro para el donante". Esta segunda intervención "funcionó perfecta". La salida del hospital fue un momento delicado. "Estaba muy débil", recuerda. Durante el tratamiento, la quimioterapia debilita el sistema inmunológico hasta dejarlo "lo más bajo posible", lo que obliga al paciente a permanecer en una cámara de aislamiento para evitar cualquier virus o bacteria. "Necesitas estar en una burbuja para que no entre cada virus ni cada cosa que te pueda poner malo, porque no tienes defensas", ha comentado sobre esa etapa. Poco a poco, empezó a salir en bicicleta con su padre. Fue sobre las dos ruedas donde encontró la fuerza para seguir adelante. "Cuando iba en bici, me sentía más fuerte, más sano, más libre. Salía de la burbuja que es el hospital y la casa", ha confesado. La bicicleta le permitía escapar de la sobreprotección familiar, una reacción común y comprensible. "Tus padres desarrollan una sobreprotección enorme para todo. Ahora que estás bien y estás vivo, sobre todo, no hagas tonterías", ha explicado sobre la mentalidad de su entorno. Para Víctor, esta necesidad de vivir y exprimir cada momento es una filosofía compartida por muchas personas que han pasado por su misma situación. En el acto conmemorativo de los 50 años del primer trasplante, ha contado que todos los asistentes coincidían en lo mismo: "la vida es para vivirla". Por eso, ha lanzado una reflexión contundente: "No sirve de nada salvar la vida a alguien para que se quede en el sofá". Esta mentalidad le ha llevado a desafiar sus límites constantemente. Y vaya si la vive. Su pasión por el deporte le ha convertido en un auténtico 'titán'. Ha completado hazañas como la Titan Desert, una de las carreras de bicicleta de montaña más duras del planeta. Pero no es su único logro. También ha realizado el trayecto Madrid-Barcelona, de 680 kilómetros, en 40 horas sin dormir. "Solo paraba para comer", ha puntualizado, una muestra de su increíble resistencia y de que el trasplante funciona a la perfección. Esta experiencia vital le ha hecho ver el mundo desde otra perspectiva. "Al final acabas asimilando lo que te ha pasado y ves la vida desde un prisma muy diferente", ha asegurado. Según él, esto le ayuda a "relativizar mucho los problemas que no son tan importantes" y a darle "importancia a lo que de verdad vale la pena". Finalmente, Víctor González ha aprovechado la entrevista en “Herrera en COPE Cataluña” para hacer un llamamiento a la donación de médula. Ha insistido en que es un proceso sencillo y seguro para el donante. "No cuesta nada", ha afirmado, y con un simple gesto "te conviertes en un superhéroe por salvar la vida de cualquier persona". Un mensaje poderoso de alguien que, gracias a la generosidad de su hermana y a su propia fortaleza, ha demostrado que después de la enfermedad hay mucha vida, y que esta puede ser extraordinaria.
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