Cope Zaragoza
La Revolución Industrial fue un terremoto, no solo tecnológico o económico -para bien en estos casos-, sino social. Fue un cambio traumático, la máquina empezó a ser más eficaz que el ser humano en los trabajos que toda la vida habían sido manuales. El trabajo cambió para siempre, se crearon profundas desigualdades y numerosas injusticias, así como «nuevas formas de exclusión», algo que León XIV ha avisado de que puede, y de hecho ya ocurre, volver a suceder. «La Iglesia está llamada, en momentos clave de la Historia a descifrar las cosas nuevas (rerum novarum en latín) a la luz del Evangelio», aseguraba León XIV en la presentación de su Magnifica Humanitas. Se refería así a la histórica encíclica Rerum Novarum que su predecesor León XIII, confeccionó para atajar la situación de tantos trabajadores afectados por la Revolución Industrial. Fue la encíclica que hizo nacer la Doctrina Social de la Iglesia. «Hoy nos encontramos en una transformación de una magnitud similar», continuaba el Papa, «con consecuencias aún más graves». El Pontífice se refiere al papel que la IA ya está tomando en nuestra sociedad, en el aspecto laboral, pero también en la guerra: «Aspectos muy preocupantes como la afluencia cada vez más alta de sistemas armamentísticos autónomos, prácticamente fuera del alcance de cualquier humano para controlarlos efectivamente», ha dicho, contundente, León XIV. «Escucho informaciones muy turbulentas sobre algoritmos que pueden bloquear el acceso a la sanidad, al empleo y a la seguridad, basados en datos corrompidos por el prejuicio y la injusticia. Y también he escuchado el silencio de aquellos que no tienen voz cuando se toman las decisiones, decisiones que probablemente, generarán nuevas formas de exclusión y de sufrimiento», asegura el Papa. Con estos argumentos, el Papa ha dejado una de las frases del día: «La IA debe ser desarmada», una palabra fuerte, él mismo lo ha admitido, pero cuidadosamente elegida para «atraer atención, despertar consciencias y trazar caminos hacia delante para la humanidad». León XIV ha comparado el posicionamiento de la Iglesia con la IA, con el que mantiene con respecto al armamento nuclear: «La Iglesia ha trabajado desde hace mucho por el desarme nuclear, conocedores de cómo un poder técnico tan grande puede afectar a las vidas de las personas. (...) De una forma parecida, la inteligencia artificial ahora necesita ser desarmada, liberada de las lógicas que la convierten en un instrumento de dominación, exclusión y muerte». El Papa aseguró que no es suficiente con desarmar, sino que hay que «construir». Citó a San Pablo en su carta a los Corintios: «Dejad que cada constructor elija con cuidado cómo construir». León XIV ha querido, con ello, alejar el miedo a la IA: «No temamos a la inteligencia artificial, pero mantengamos siempre la cuestión humana en el centro». León XIV ha concluido refiriéndose a San Pablo VI y su frase sobre el desarrollo real y cómo afecta a «cada hombre y a todo el hombre», refiriéndose a que nadie puede quedarse detrás y que nadie puede ser reducido a su «productividad, a la capacidad cognitiva o a los meros datos». De esa forma el Papa asegura que es la única vía hacia una IA que se dirija «al bien común».
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