Cope Zaragoza
La primera cosecha de cerezas en La Rioja no ha tenido un buen comienzo. Las lluvias de finales de abril y, especialmente, las del mes de mayo, han arrasado gran parte de la producción de cereza temprana. El agricultor Santiago Jiménez, que posee 7 hectáreas en Quel y comercializa su producto a través de la empresa DeQuelia, estima las pérdidas en su caso entre un 20% y un 30% del total de la cosecha. "Las lluvias de finales de abril y primeros de mayo, la verdad es que han dado al traste con toda la producción temprana", lamenta. La decepción es aún mayor porque las expectativas eran muy altas. A pesar de que el frío complicó la floración, Jiménez confirma que venía "una cosecha bastante aceptable en cuanto a cantidad y calibre". Según explica, la cosecha estaba "bastante bien equilibrada y con buena calidad de calibre", una previsión que finalmente se ha visto frustrada por las inclemencias meteorológicas. Este revés se enmarca en un contexto de declive para el cultivo de la cereza en la región. En las últimas dos décadas, la superficie dedicada a este frutal ha disminuido considerablemente, pasando de casi 600 hectáreas a las 472 actuales. Un cultivo que se concentra principalmente en La Rioja Baja y Media, con algunas explotaciones en La Rioja Alta. Quel, Calahorra, Albelda de Iregua, Nalda, Autol, Alfaro, Logroño y Rincón de Soto son los municipios con mayor superficie cultivada. Detrás de este descenso hay múltiples factores que complican la viabilidad del sector. "Es una realidad que no podemos dejar de lado. Cada año el campo está mucho peor", afirma Jiménez. El agricultor enumera problemas como la falta de una red de drenaje nacional, las dificultades añadidas de la producción ecológica, la escasez de mano de obra, una climatología cada vez más adversa y la falta de seguros con coberturas aceptables. "No contamos con la cobertura de seguro que teníamos estos años, puesto que nos ponen unas condiciones que son inaceptables, inasumibles, con lo cual cada año tenemos más contras que pros", denuncia. A pesar de las pérdidas en las variedades tempranas, el sector mantiene la esperanza en las de ciclo medio y tardías. Jiménez explica que es necesario apostar por un "abanico de variedades" para tener presencia en el mercado, aunque las tempranas siempre conllevan el riesgo de las lluvias. Para la siguiente recolección, "apunta a buena calidad y buena cantidad", pero ahora la amenaza es otra: el calor extremo. El paso del frío y la lluvia a un calor intenso sitúa a los agricultores en una nueva encrucijada. "Son dos factores, la lluvia y el calor extremo, que afectan muchísimo a un producto tan delicado como la cereza", advierte Jiménez. La maduración se encuentra en un momento delicado, ya que el calor excesivo no permite que el fruto se desarrolle con tranquilidad. "Necesitamos noches un poquito más frescas para que la cereza salga del día, condiciones que ahora no se están dando", concluye con una mezcla de preocupación y optimismo, a la espera de que el tiempo mejore de cara al fin de semana.
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