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Javier Milei escuchó la homilía del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, con la mirada puesta en el altar de la Catedral metropolitana. Ni siquiera se inmutó frente una llamada que parecía estar dirigida al presidente argentino. García Cuerva había pedido "renunciar a las palabras hirientes" y las "palabras de odio", y casi todos en este país entendieron a quién le estaba hablando. El Tedeum por una celebración patria no pudo sustraerse de la propensión a la invectiva de Milei en los días previos. Por momentos se lo notó desbordado en exceso, pero también con un sosiego cansino, adormecedor. En ninguna de las ocasiones faltó el improperio. Los señalamientos del prelado tienen lugar en momentos que el Gobierno negocia una visita a Buenos Aires del papa León XIV para los últimos meses del año. Milei había calificado a Francisco, su antecesor, de ser un "representante del maligno" en la tierra por promover la justicia social. Luego trató de atemperar sus dichos. La eventual presencia en Argentina del actual pontífice no le garantiza cortocircuitos como el del Tedeum de este lunes.
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