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Las vacaciones de verano traen consigo más tiempo libre, menos rutinas y una batalla silenciosa en muchos hogares: el exceso de pantallas. Móviles, videojuegos y redes sociales se convierten en el refugio habitual de muchos adolescentes durante los meses sin colegio, hasta el punto de generar conflictos familiares, problemas de sueño o aislamiento social. La orientadora del Colegio Sagrada Familia de Urgel explica por qué el verano multiplica el tiempo frente a las pantallas y ofrece claves para reducir su uso sin convertir cada conversación en una discusión . «Durante las vacaciones experimentan una pérdida de rutinas y un aumento del tiempo libre. Pasan a tener toda la mañana libre al no ir al colegio y las tardes sin tareas ni extraescolares. En las pantallas encuentran un entretenimiento accesible con el que llenar esos vacíos», señala. Los expertos recomiendan que el uso de móviles, videojuegos o redes sociales no supere las dos horas diarias en adolescentes de entre 13 y 16 años , siempre que no interfiera en el descanso, la actividad física o las relaciones personales. Sin embargo, en verano es frecuente que ese límite se dispare. Las señales de alarma suelen aparecer poco a poco: aislamiento, irritabilidad, pérdida de interés por otras aficiones o problemas para dormir. «También puede detectarse una dependencia emocional, con necesidad constante de revisar notificaciones y «likes», o la incapacidad de apagar el dispositivo por voluntad propia», advierte la orientadora. Uno de los errores más frecuentes de las familias es imponer normas rígidas. Según la especialista, con adolescentes funciona mejor la negociación . «La imposición suele generar rechazo. Es más efectivo sentarse con ellos a pactar conjuntamente y dejar claros los límites y las normas de uso del móvil y videojuegos. De este modo respetamos su necesidad de autonomía y habrá un mayor cumplimiento y menos discusiones». Para evitar que los límites se perciban como un castigo, recomienda explicar siempre el motivo de las normas. «Hay que hacerles ver lo perjudicial que es abusar de las pantallas para su salud y bienestar, en lugar de prohibírselo sin más» , apunta. También aconseja elegir bien el momento para hablar del tema y evitar hacerlo «de forma impulsiva en medio de una discusión». Entre las estrategias más útiles destaca la elaboración de un «contrato de uso» acordado con el adolescente, donde se especifique cuándo, cuánto y cómo se utilizarán los dispositivos. «Hacerles partícipes les implica más y evita conflictos posteriores», explica. Además, considera fundamental establecer espacios libres de pantallas, especialmente durante las comidas o antes de dormir. «Dejar el móvil fuera del dormitorio por la noche o apagarlo una hora antes de acostarse mejora mucho los hábitos de descanso». El verano, dice la orientadora, crea el escenario perfecto para el abuso digital. «El aburrimiento genera una sensación de vacío que el uso del móvil alivia rápidamente». Redes sociales, videojuegos y aplicaciones como TikTok activan mecanismos de recompensa inmediatos. «Las notificaciones y estímulos breves liberan dopamina y generan dependencia», sostiene. No todas las pantallas afectan igual. Las redes sociales suelen impactar más en la autoestima y la necesidad de aprobación externa; los videojuegos potencian la competitividad y la frustración; mientras que plataformas como TikTok dificultan la concentración sostenida por la rapidez de sus contenidos. El exceso de pantallas también tiene consecuencias emocionales y psicológicas. «Provoca síntomas de ansiedad y depresión, irritabilidad, frustración y fatiga», afirma. A eso se suman problemas de autoestima, dificultades para regular las emociones y aislamiento social. En el sueño, el impacto también es notable. «La luz de la pantalla confunde al cerebro, reduce la producción de melatonina y sobreestimula la mente, dificultando conciliar el sueño». La especialista insiste en que los hábitos digitales de los adultos son determinantes. «Los niños y adolescentes aprenden por imitación. Si observan a sus padres usar el móvil de forma excesiva o irresponsable, lo verán como algo normal». Responder mensajes durante la comida, mirar el teléfono mientras alguien habla o utilizarlo constantemente para evadirse son comportamientos que terminan normalizando el abuso tecnológico en casa. Por eso, reducir las pantallas no pasa únicamente por limitar el móvil de los hijos , sino también por revisar las rutinas familiares. Las vacaciones pueden convertirse en una oportunidad para cambiar dinámicas antes de la vuelta al colegio. Sin tareas escolares ni la necesidad constante de internet para estudiar, el verano facilita introducir nuevas costumbres. « Es el momento perfecto para probar nuevas rutinas y aficiones y cambiar hábitos antes de que comience el nuevo curso», afirma. ¿La mejor alternativa al móvil? Actividades que impliquen experiencias reales y contacto social: deporte, excursiones, campamentos, senderismo o talleres relacionados con sus intereses. La orientadora resume así su principal consejo para las familias: « Hay que proponer planes atractivos que ocupen su tiempo , de forma que los dispositivos pasen a un segundo plano sin necesidad de discutir o prohibir. Si el adolescente está entretenido con vivencias reales, no tendrá la necesidad de usar el móvil con tanta frecuencia».
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