Cope Zaragoza
La Rioja afronta unas jornadas plenamente veraniegas en primavera, con temperaturas que alcanzarán los 35 grados en el valle. Este calor anticipado pone el foco en el riesgo de incendios forestales, un peligro que este año se ve agravado por un factor inesperado. A pesar de que en 2025 ardieron más de 190 hectáreas en 42 incendios, la preocupación actual nace de una primavera muy lluviosa que ha provocado un crecimiento sin precedentes del pasto y la vegetación baja. Aunque el monte presenta ahora un aspecto frondoso y verde, los expertos y ganaderos advierten de que la situación es engañosa. El problema llegará cuando toda esa vegetación pierda la humedad por el calor de las próximas semanas y se transforme en material altamente inflamable. Así lo explica Enrique, un ganadero de Anguiano que conoce el terreno a la perfección y teme una temporada complicada. Enrique señala que, tras las grandes precipitaciones, ahora se está viendo una impresionante explosión de hierba debido a la humedad del terreno. Advierte de que se augura una temporada difícil, ya que "cuando ese combustible empiece a perder la humedad y a quedarse seco, es el ingrediente favorito de un incendio". Detrás de un gran incendio no solo hay árboles quemados, sino también un golpe durísimo para las explotaciones ganaderas. El fuego arrasa los pastos que alimentan al ganado, obligando a los ganaderos a gastar miles de euros en forrajes y piensos. "Se juega con el futuro de muchas explotaciones ganaderas", lamenta Enrique, recordando la catastrófica situación vivida por ganaderos en León el año pasado. Las consecuencias trascienden el ámbito rural, dejando heridas profundas en el entorno. Un incendio provoca la pérdida de suelo fértil, erosión y arrastres de lodo que contaminan barrancos, ríos y depósitos de agua. Según los expertos, el monte tarda años en recuperarse de una catástrofe de esta magnitud, que Enrique describe como devastadora por los problemas medioambientales que acarrea. Para Enrique, uno de los factores principales del aumento de riesgo es el declive de los usos tradicionales. “La desaparición de la ganadería extensiva está dejando muchas zonas de montaña sin una gestión y sin la eliminación de ese combustible”, afirma. Este abandono, unido a la pérdida de otros aprovechamientos como la recogida de leñas, provoca que el combustible se acumule peligrosamente en los bosques. El ganadero subraya la gran diferencia entre las zonas pastoreadas y las abandonadas. En las áreas donde aún hay ganado, “es imposible que arda, porque la hierba está muy cortita y un fuego ahí no tiene fuerza para para extenderse”. Sin embargo, en las zonas sin ganado la situación se invierte, dando lugar a “llamas de metros y y imposible de controlar”. Con la llegada del calor extremo, el monte entra en una de sus épocas más peligrosas. Los expertos insisten en que la prevención es la mejor herramienta. Medidas como no arrojar colillas, evitar cualquier tipo de fuego en zonas forestales y avisar de inmediato al 112 ante la mínima columna de humo son cruciales. En verano, unos pocos minutos pueden marcar la diferencia entre un pequeño susto y una gran tragedia forestal.
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