Cope Zaragoza
La nutricionista Sandra Purqueras ha lanzado una advertencia en sus redes sociales sobre un hábito nocturno que podría estar afectando a la salud de miles de personas: la cena. Según la experta, dejar de cenar es "uno de los cambios más potentes para tu salud". Esta simple modificación en la rutina diaria, asegura, tiene el potencial no solo de prevenir enfermedades metabólicas y dolencias crónicas, sino también de revertirlas. La base de esta recomendación reside en el funcionamiento de nuestro reloj biológico. Por la noche, el organismo entra en un modo de 'descanso y reparación' fundamental para su correcto funcionamiento. Purqueras explica que, "cuando comes de noche, tu cuerpo no lo acepta bien", ya que la digestión interfiere directamente con estos procesos naturales de regeneración celular y descanso. Esta interrupción del ciclo natural no es inocua. La experta señala que las consecuencias inmediatas suelen ser problemas de sueño y digestiones pesadas, pero con el tiempo, el impacto puede ser mucho más grave. La persistencia de este hábito puede llevar al desarrollo de enfermedades metabólicas y autoinmunes, ya que el cuerpo se ve sometido a un estrés constante que le provoca tener que gestionar la ingesta de alimentos en un momento destinado al reposo. Uno de los argumentos más comunes para no saltarse la cena es la sensación de hambre que aparece al final del día. Sin embargo, Purqueras desmonta esta idea, calificándola como una señal de alerta. Según la nutricionista, sentir hambre por la tarde-noche mientras que por la mañana no se tiene apetito es un claro indicio de un desajuste. "Tienes tu reloj biológico girado", afirma. Este patrón, explica, "es señal de que no estás bien" y refleja que los ritmos circadianos del cuerpo están alterados. Este desequilibrio provoca que el cuerpo pida energía en el momento menos adecuado, perpetuando un ciclo perjudicial. La falta de apetito matutino, unida a la necesidad de comer por la noche, indica que el sistema digestivo y hormonal no está sincronizado con los ciclos naturales de luz y oscuridad, lo que a la larga contribuye a la inflamación crónica, el cansancio y la aparición de enfermedades. Para quienes duden de los beneficios o crean que es imposible adaptarse, la nutricionista propone un sencillo experimento. "Prueba 2 semanas sin cenar y fíjate cómo responde tu cuerpo, te sorprenderá lo bien que te sientes", anima Purqueras. Este periodo de catorce días sería suficiente, según ella, para empezar a notar cambios significativos en los niveles de energía, la calidad del sueño y la digestión. La propuesta de Purqueras se presenta como una solución directa para problemas comunes como el cansancio crónico, la inflamación o los despistes constantes, síntomas que muchas veces se normalizan, pero que pueden ser indicativos de un desequilibrio metabólico subyacente. Al darle al cuerpo un periodo de ayuno nocturno más prolongado, se facilita la autofagia —el proceso de limpieza celular— y se optimiza la producción de hormonas clave para la salud, como la del crecimiento. En definitiva, un pequeño cambio con un impacto potencialmente transformador.
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