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Hay imágenes que hablan por sí solas. Ver a profesores y profesoras unidos en una huelga, defendiendo juntos aquello que consideran justo, debería hacernos reflexionar sobre algo que a veces se olvida: la fuerza colectiva que tiene una plantilla cuando camina en la misma dirección. Porque una huelga no se hace por gusto. Nadie acepta perder dinero en su nómina ni deja de acudir a su puesto de trabajo por capricho.
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