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La reconocida psiquiatra Marian Rojas Estapé ha ofrecido una profunda reflexión sobre la naturaleza humana en sus redes sociales, afirmando que "el ser humano está diseñado para la supervivencia y no para la felicidad". Según la experta, este diseño biológico primordial explica por qué tendemos a vivir en un estado de alerta casi constante, una condición para la que, en realidad, no estamos preparados. Nuestro organismo está pensado para reaccionar ante peligros puntuales y después volver a la calma, pero el ritmo de la sociedad actual nos empuja a un ciclo de tensión ininterrumpido que nos aleja del bienestar. Rojas Estapé explica que el problema fundamental reside en que hemos cronificado el 'modo alerta'. "No estamos diseñados para vivir siempre ejecutando, resolviendo, con miedo", señala la psiquiatra. El diseño natural del ser humano implica activar una respuesta de lucha o huida ante un desafío concreto y, una vez superado, regresar a un estado de reposo a través del sistema nervioso parasimpático, que siempre es el encargado de la relajación y la recuperación. Sin embargo, en el contexto actual, rara vez logramos completar ese ciclo de forma natural. La especialista subraya cómo ha cambiado drásticamente la naturaleza de las amenazas a las que nos enfrentamos. Históricamente, el peligro era físico y evidente: un depredador, un conflicto bélico o una catástrofe natural. Nuestro cerebro, que según la experta está "diseñado para captar lo que puede ser una amenaza", ahora se enfrenta a estresores muy diferentes, más abstractos y, sobre todo, constantes en nuestro día a día. "Es que ahora la amenaza es mi jefe, mi suegra, el dinero, las noticias, la información, mandar un WhatsApp a un sitio y que nadie me conteste", detalla Rojas para ilustrar este cambio. Estos estímulos modernos, a menudo de carácter social, laboral o psicológico, son interpretados por nuestro cerebro como peligros reales. Esta situación provoca que el sistema de alerta permanezca activado de forma indefinida, generando una sensación de amenaza y agotamiento crónicos. Este profundo desajuste entre nuestro diseño evolutivo y el entorno moderno es, para la psiquiatra, la clave de gran parte del malestar contemporáneo. Al estar programados para la supervivencia, nuestro cerebro prioriza de forma instintiva la detección de peligros sobre la búsqueda activa de la felicidad. "En un mundo donde no estamos diseñados para la felicidad, sino para la supervivencia, nos equivocamos muchas veces", reflexiona la experta sobre esta paradoja. La conclusión que se extrae de su análisis reside en que, aunque nuestro instinto primario sea buscar y neutralizar amenazas de manera continua, es fundamental aprender a gestionar esta tendencia innata. Para poder alcanzar un mayor bienestar y una vida más plena, es necesario desactivar conscientemente el 'modo supervivencia' y dar paso a la calma, permitiendo que el sistema nervioso parasimpático cumpla su función reparadora y nos devuelva el equilibrio perdido.
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