Vanguardia
LA HAYA- No hay armas, pero sí puertas blindadas, un libro de Pérez-Reverte, películas, partidas de mesa empatadas y, en la cocina común, un salmón descongelándose junto a una sartén sucia: así transcurre la vida cotidiana en el Centro de Detención de la Corte Penal Internacional (CPI), donde aguardan juicio algunos acusados de los peores crímenes del planeta.
Go to News Site