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Cuqui Fierro y la guerra familiar por su palacete de Madrid: auge, conflicto y decadencia de una socialité de 94 años | Collector
Cuqui Fierro y la guerra familiar por su palacete de Madrid: auge, conflicto y decadencia de una socialité de 94 años
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Cuqui Fierro y la guerra familiar por su palacete de Madrid: auge, conflicto y decadencia de una socialité de 94 años

A sus 94 años, Cuqui Fierro puede recordar con cierta melancolía cómo vivió tiempos mejores. Pero quién no. Desde la muerte de su marido, la socialité es usufructuaria vitalicia de la propiedad de 1.600 metros cuadrados, si bien no puede oponerse a su venta y eso ha reabierto viejas heridas en el seno del clan para mantener una cruenta batalla familiar de insospechadas consecuencias. Es el auge, caída y sufrimiento de una socialité que por su mansión vio pasar a personalidades como Carmen Martínez-Bordiú , Pitita Ridruejo o Isabel Preysler. Cuqui Fierro es la matriarca de una de las grandes familias de la alta sociedad española y también el símbolo de la decadencia de quien tuvo días de gloria a todos los niveles. Ahora está inmersa en una desagradable guerra con algunos de los miembros del clan por la venta de un emblemático palacete de más de 1.600 metros cuadrados que la familia posee en Madrid. De nuevo, guerra por el dinero. Para añadir una nueva dimensión al conflicto, la revista 'Lecturas' matizó que, contrariamente a lo publicado en diversos medios, Cuqui Fierro no es la propietaria de la mansión de la discordia. «Desde que murió su marido, José Antonio Torróntegui, en 2001, Fierro posee el 100 % del usufructo vitalicio, es decir, ostenta el derecho sobre el uso y disfrute de la propiedad». En realidad, la amplia propiedad tiene como dueña mayoritaria a Begoña Cue, nuera de Cuqui Fierro y viuda de su malogrado hijo José Manuel. «Cue posee el 68% de la propiedad y sus dos hijos, Begoña y Leandro, poseen desde la muerte de su padre, el 3,5% cada uno. Con lo que entre madre e hijos controlan el 75% del total de la nuda propiedad del palacete. El restante 25% está a nombre de Gracia Fierro, hija de Cuqui», avanzaba el citado medio. Cuqui Fierro vive desde 2017 en un piso de 400 metros cuadrados y en principio no podría oponerse legalmente a la venta de la propiedad, valorada en 50 millones de euros. «Los titulares de la propiedad también podrían haber vendido el palacete con ella como usufructuaria vitalicia si se hubieran puesto de acuerdo. Por el momento, la venta de la joya familiar está paralizada», ha explicado 'Lecturas'. Por su edad y sus conocidos problemas de movilidad, Cuqui Fierro no vive en la mansión pese a poseer el derecho al uso y disfrute del palacete. Por comodidad, decidió trasladarse a un piso de 400 metros cuadrados, por lo que actualmente es usufructuaria de una vivienda en la que no vive nadie. Y ese es el foco de la tensión con la familia. Al no tener Cuqui Fierro derecho a oponerse a la compraventa, las actuales propietarias podrían vender la nuda propiedad, pero es algo que solo podría ejecutarse en caso de fallecimiento de la socialité. Si vendieran ahora, lo harían por un precio sustancialmente inferior al valor real del palacete. Así que su opción es esperar... Aquel palacete fue el mudo y lujoso testigo de los días de gloria de Cuqui Fierro y José Antonio Torróntegui Anduiza. Ubicado en el exclusivo barrio madrileño del marqués de Salamanca, fue allí donde fueron felices junto a sus cuatro hijos a lo largo y ancho de sus cinco plantas. Era lugar de reunión de la jet-set madrileña y hasta de la realeza, y en su interior tanto la familia como sus invitados podían admirar obras como un retrato de Carlos V de Robert Lefévre, esculturas de Luiz Ferreira o hasta una colección de tapices de valor incalculable. Bastantes fueron subastadas en 2017. «Como en casa de Cuqui, en ningún sitio», decían los exclusivos invitados a las reuniones y fiestas de esta socialité y filántropa, hija del fundador del Banco Ibérico, Ildefonso Fierro. Eran tiempos en los que figuras de la alta sociedad como Carmen Polo, Pitita Ridruejo o hasta una Isabel Preysler recién llegada de Filipinas se dejaban caer por allí. Ahora aquellos tiempos no son estos y han cambiado, y de qué manera. «Detrás de este tipo de conflictos rara vez hay solo un inmueble o una cuestión económica. Lo que normalmente aflora son dinámicas familiares mucho más profundas y complejas, como relaciones deterioradas, sensación de desigualdad entre herederos, problemas de comunicación acumulados durante años o incluso diferentes formas de entender el legado familiar», resume la abogada Delia Rodríguez a 'MujerHoy'.

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