COPE
El tejido empresarial de las comarcas del Alto Gállego y la Jacetania ha mostrado su profunda preocupación por la paralización del último tramo pendiente de la variante de Sabiñánigo (A-23). Una de las voces más afectadas es la de la cooperativa Santa Orosia, cuya gerente, Cristina Jarne, advierte de las graves consecuencias que el cierre, efectivo desde septiembre, está teniendo sobre el territorio y, en especial, sobre el sector primario. Desde el cierre, el tráfico pesado de la cooperativa, incluyendo camiones de 44 toneladas, se ve obligado a circular por la calle Serrablo, en pleno casco urbano. Jarne califica la situación de "muy mala" por la "peligrosidad que eso conlleva", un problema que afecta tanto a los transportistas como a los vecinos de la localidad. La inquietud ha alcanzado su punto álgido ante la inminente temporada de cosecha, prevista para dentro de un mes. "Estamos muy preocupados de cara a la cosecha que viene", afirma Jarne. La cooperativa, que cuenta con 267 socios y recoge anualmente unas 20.000 toneladas de cereal (entre 6.000 y 7.000 solo en Sabiñánigo), se enfrenta a un problema logístico que parece irresoluble. Los tractores procedentes de zonas como Espuéndolas y Martillue no tienen acceso directo a las instalaciones. "No les dejan pasar por la autovía y la nacional está cortada", explica la gerente. La única alternativa teórica, la carretera de Cartirana, es inviable por sus pronunciadas pendientes para vehículos que transportan "15.000 o 16.000 kilos". Esta falta de accesos obliga a los agricultores a dar una vuelta que incrementa el tiempo de viaje en 50 minutos por trayecto. "La cosechadora no puede parar", subraya Jarne, por lo que esta demora hace la recolección insostenible. "Para nosotros es inviable esto, no sabemos cómo se va a resolver", lamenta, mientras los agricultores se preguntan con angustia: "¿Y ahora qué hacemos? ¿Dónde vamos a echar el cereal?" Aunque el aumento de costes es un factor, el principal problema es el tiempo. Las cosechadoras, que a menudo vienen de fuera y "van a horas", no pueden permitirse esas esperas. La sensación, según Jarne, es de preocupación y enfado: "Nos han cortado y ya está, y ahí te quedas", resume. La paciencia del sector se ha agotado. "Estamos a un mes y nadie nos dice nada", insiste. La cooperativa Santa Orosia forma parte del frente común de empresas que firmaron un comunicado para visibilizar el problema. Jarne recuerda que las afecciones van más allá del sector primario y apuntan a un problema de seguridad general. "Sabiñánigo tiene una industria química y, si tuviéramos que evacuar el pueblo, estamos muy limitados con los dos cortes de salidas que hay", advierte. Sin alternativas viables sobre la mesa, la gerente se muestra pesimista. "Lo veo crudo", confiesa. La única salida para salvar la campaña pasa por la reapertura de los accesos. "Para nosotros no hay solución si no nos abren el enlace de la salida de Jaca. No hay solución, porque dar esa vuelta es inviable", concluye.
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