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Vas al supermercado a hacer la compra de la semana y, de repente, te das cuenta de que es casi imposible esquivar una palabra que está escrita en mayúsculas y colores llamativos por todos los pasillos: proteína . Y es que lo que empezó siendo un producto enfocado a deportistas de gimnasio se ha convertido en una auténtica fiebre que ha invadido las estanterías del supermercado. Hoy en día tenemos barritas con proteínas, galletas con proteínas, cereales, natillas y, sobre todo, los famosísimos yogures proteicos. Parece que si un alimento no lleva ese apellido, ya no es saludable. Sin embargo, en el mundo de la alimentación, no todo lo que brilla es oro. Para ayudarnos a mirar más allá del márketing y entender qué nos estamos metiendo realmente en el cuerpo, el nutricionista sevillano Pablo Ojeda ha lanzado una seria advertencia en el programa 'La Roca' de la Sexta, presentado por Nuria Roca. Durante su intervención, Ojeda desveló un pequeño secreto de la industria alimentaria. Para entenderlo fácilmente, el nutricionista utilizó una metáfora muy sencilla: imagina que la proteína es como una pelota gigante hecha de muchas pelotitas pequeñas. Esas pelotitas son los aminoácidos , y dentro de ellos hay nitrógeno. Cuando los laboratorios analizan un alimento para poner en la etiqueta cuánta proteína tiene, lo que hacen es medir el nitrógeno total. Si el nivel es alto, la máquina dice: «Perfecto, este producto tiene 27 gramos de proteína por cada 100 gramos». Y ahí es donde está la trampa. Según Ojeda, existe una técnica perfectamente legal, pero muy poco recomendable, llamada «amino spiking». Consiste, básicamente, en inyectar aminoácidos sueltos de muy baja calidad y extremadamente baratos en el producto. ¿Por qué lo hacen? Para engañar al análisis de nitrógeno. De este modo, en la etiqueta oficial aparece una cifra espectacular de proteínas, pero la realidad dentro de tu cuerpo es muy diferente. Como bien dice Pablo Ojeda, es el equivalente a «comprarte un Ferrari con el motor de un Seat» . Te están vendiendo un producto supuestamente premium, pero con una materia prima muy deficiente. Ante este panorama, la presentadora Nuria Roca le hizo la pregunta que todos nos haríamos: ¿Cómo podemos defendernos de este truco y saber si un yogur o una barrita proteica vale la pena? El experto explica que, para ello, hay que buscar el aminograma. Cuando giramos el envase para leer la etiqueta, estamos acostumbrados a ver la tabla clásica con las calorías, las grasas o los azúcares. Sin embargo, cuando una marca utiliza una proteína de calidad de verdad, suele añadir un recuadro extra grande con la lista detallada de todos los aminoácidos que contiene (como la glicina, la taurina o la creatina, entre otros). Si ves ese desglose detallado en el envase, es una buena señal, ya que significa que la marca no tiene nada que esconder. Pero, tal y como advierte el nutricionista, «cuando no lo pone… ay amigo, ay amigo» . Si la marca oculta de dónde salen esos gramos de proteína, lo más probable es que estés pagando de más por un alimento inflado artificialmente. Al final, para Pablo Ojeda la solución pasa por recurrir a la alimentación de toda la vida. Y es que la mejor fuente de proteína, y la que nuestro cuerpo entiende y aprovecha a la perfección, es la que viene de forma natural en la comida real . El huevo, la leche, las legumbres, los frutos secos o los quesos son opciones infinitamente mejores que cualquier producto procesado de moda. De hecho, el nutricionista contó un detalle curioso sobre los yogures de siempre, que sorprendió a los presentes en plató: el famoso «liquidito» que se queda en la superficie del yogur . A casi todo el mundo le da un poco de rabia ver ese suero y la inmensa mayoría comete el error de tirarlo antes de meter la cuchara. Pues bien, resulta que ese líquido es el suero de la leche, el lugar exacto donde se encuentra la famosa proteína whey , que es la proteína más cotizada, completa y beneficiosa del mundo para el organismo. Así que la próxima vez que abras un yogur natural, no tires el líquido, remuévelo bien y aprovéchalo, porque ahí tienes la mejor proteína posible, gratis y sin trampa ni cartón.
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