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Magnífica humanidad
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Magnífica humanidad

El Papa introduce en su primera encíclica la siguiente afirmación: «La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». León XIII habló hace 135 años de lo que él llamó 'nuevos asuntos'. Hoy no debemos limitarnos a repetir sus enseñanzas, sino a pedir a Dios la sabiduría necesaria para interpretar nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica, porque la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando nuestro mundo. Conviene preguntarnos hacia qué meta deseamos orientarnos, qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos. Para tratar de responder a estas cuestiones, el Papa evoca dos imágenes bíblicas: la construcción de la torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén, tal y como leemos en el profeta Nehemías. Actualmente el panorama es el mismo: podemos elegir entre construir Babel o reconstruir Jerusalén. Babel hace referencia a la idolatría del lucro que sacrifica a los más débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único capaz de traducirlo todo en datos y rendimientos: esta es la vía de la deshumanización. El camino de Nehemías, por el contrario, es el que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro para todos. En el libro del Apocalipsis, Juan ve la nueva Jerusalén que descendía del cielo y venía de Dios como un regalo para la humanidad. Esta visión de gracia es para los cristianos una llamada a trabajar juntos, cultivando una vida común pacífica, justa y digna. El humanismo cristiano no rechaza la ciencia ni la técnica, sino que las asume con gratitud y realismo y las sitúa dentro de una vocación más alta: la comunión con Dios. José Vicente Martínez . Valencia No quisiera estar en el pellejo de los del Gobierno y sus socios; bueno, un poquito sí, que eso de vivir como un marqués sin dar ni golpe es una vieja aspiración de cualquiera. Me refiero a que no me gustaría acabar como los secuaces de Ramón Rojo en 'Por un puñado de dólares'. A la vista del incendio que se otea en el horizonte, del juicio al hermano del presidente –que ya se compara con el juicio moral a Antonio Salieri–, del sumario del caso del bobo solemne que presuntamente atesoraba un botín como el del pirata Samuel Bellamy y otros fregados que han despuntado, los más lo tienen crudo y casi con seguridad van a perder la gallina de los huevos de oro y el cántaro de leche con los que pretendían dineros, mariscadas, modelitos, viajes a Pekín, Guernicas e independencias. Hoy nadie se atreve a decirle al señor Sánchez que va desnudo, nadie le quiere arrojar la primera almohadilla al torero malo. Sólo Otegi, con su habitual maldad, ha insistido en que se debería concluir la legislatura con un programa plurinacional. Luego está Patxi López. Pero Patxi López es un caso aparte, un optimista antropológico que siempre va en la dirección hacia donde sopla el viento. Si dijo que no le cuadra de ninguna de las maneras que Zapatero se haya podido corromper, mañana bien puede salir afirmando que a ese señor no le conocía de nada. Yo he oído contar al de Portugalete que hay otro mundo en el que el Gobierno progresista sigue gobernando y sigue haciendo políticas para la gente. Ahí ha querido emular a Paul Eluard: «Hay otros mundos, pero están en este». Además de socialista, nos ha salido filósofo y poeta. José Juan González García . Oviedo (Asturias)

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