COPE
Los vecinos del barrio de Son Güells, en Palma, han dicho basta. Ante lo que describen como una oleada de inseguridad y la degradación de la zona durante el último año, han decidido organizarse para crear sus propias patrullas ciudadanas. Lo que antes era un barrio tranquilo, según relata la presidenta de la asociación de vecinos, Melissa Rodríguez, se ha convertido en un foco de robos con violencia, ocupación de aparcamientos, campamentos de caravanistas y consumo de drogas a plena luz del día. La situación ha llegado a un punto crítico en el último año con la llegada de un "perfil caravanista bastante complicado" que, según los vecinos, no respeta las normas de convivencia, roba luz y agua y vierte aguas fecales en solares vacíos. A esto se suma la presencia de toxicómanos que se inyectan heroína en la calle. "Creemos que, presuntamente, debe de haber algún punto de venta, porque nosotros nunca habíamos visto toxicómanos por la zona", explica Rodríguez. La lista de problemas es larga: rotura de cristales en los coches casi a diario, robos a vecinos con violencia, intentos de ocupación de viviendas y una sensación de miedo constante. "Hemos sufrido todo tipo de situaciones, tenemos un año que las cosas han ido a peor", lamenta la presidenta de la asociación. La situación ha generado tal alarma que los residentes afirman que "dentro de nuestras propias casas tenemos miedo", obligándolos a estar en un estado de alerta permanente. La iniciativa de las patrullas surgió de Miguel Ángel, un vecino de El Rafal, otro barrio afectado por la delincuencia, y rápidamente fue adoptada en Son Güells. A través de un grupo de WhatsApp que ya cuenta con más de 200 vecinos, coordinan las salidas. "Algunos vecinos en el tramo de horario que le venía mejor salen, y otros lo hacemos desde el coche, vamos un poco vigilando", detalla Rodríguez sobre la organización. Los participantes patrullan a pie o en coche, en grupos de dos o tres, y aunque van preparados con gas pimienta por seguridad, su intención no es tomarse la justicia por su mano. "Nuestra intención para nada es tomar la justicia por nuestras manos, no queremos llegar a ese punto", asegura la presidenta. Su método es disuasorio y, en caso de presenciar un delito, su protocolo es claro: hacer ruido para ahuyentar al delincuente y llamar a la policía. Los vecinos se sienten abandonados por las administraciones. Melissa Rodríguez afirma haber mantenido reuniones con la Policía Nacional, la Policía Local y regidores, pero las soluciones no llegan. "La policía nos dice lo que ya sabemos, que hay un déficit de policía. Entiendo que no tenemos los suficientes policías para cubrir todas las zonas, pero no podemos pagarlo siempre los mismos", denuncia. Critica especialmente la ausencia de la Policía Local, a la que asegura no ver "nunca". Esta sensación de desamparo se vio agravada por un suceso reciente, cuando un hombre rompió los cristales de tres coches a plena luz del día. A pesar de las llamadas de los vecinos, la policía tardó en llegar, dando tiempo al ladrón a huir. "Tenemos un vídeo en el que se ve claramente cómo es", explica Rodríguez, quien se quejó a los agentes: "Evidentemente no voy a bajar a identificar al ladrón, ese es vuestro trabajo". Desde que comenzaron las patrullas el pasado fin de semana, los vecinos han notado una mayor tranquilidad en la zona, algo que atribuyen a su presencia disuasoria. Sin embargo, el problema de fondo persiste, impidiéndoles disfrutar de un barrio que describen como "una zona preciosa, llena de zonas verdes". Como concluye Rodríguez, "tenemos mucha pena de no poder salir según a qué horas ni en qué momento con tus hijos, porque no quieres tú encontrarte este cuadro con tu hijo de 7 años".
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