Cope Zaragoza
El consumo de tabaco en España se ha reducido y estabilizado en la última década, pero una nueva amenaza para la salud pública crece de forma exponencial, especialmente entre los más jóvenes: los cigarrillos electrónicos. Según la encuesta EDADES 2024 del Ministerio de Sanidad, el 25.8% de la población adulta es fumadora, un 9% menos que hace diez años. Sin embargo, el 19% de los españoles de 15 a 64 años admite haber consumido vapeadores alguna vez, un 7% más que en 2022 y casi el doble que en 2020, consolidando una peligrosa tendencia al alza. “Mientras una epidemia tiende a desaparecer, la del cigarrillo convencional, otra epidemia se extiende silenciosamente entre la gente más joven, la de los cigarrillos electrónicos”, ha denunciado la doctora Isabel Nerín, especialista en Tabaquismo de la Universidad de Zaragoza, con motivo del Día Mundial Sin Tabaco que se celebra el 31 de mayo. La experta advierte que la propia industria tabaquera, ante el descenso de fumadores, ha desarrollado estos nuevos productos que se promocionan engañosamente como “saludables” para captar nuevos consumidores. Los datos sobre la población adolescente son los más preocupantes. La Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES 2025) revela que casi la mitad de los estudiantes de 14 a 18 años, un 49,5%, ha probado los cigarrillos electrónicos. Además, un 26% los ha usado en el último mes. En Aragón, las cifras varían ligeramente: aunque el consumo de tabaco diario en jóvenes es mayor que la media nacional (7,5% frente al 4,3%), el uso reciente de vapers es menor (16%). “En Aragón, los jóvenes fuman más que la media española, pero vapean menos”, aclara la doctora Nerín. Lejos de ser una alternativa inocua, los estudios confirman que los e-cig son una puerta de entrada al tabaquismo. Con su aspecto tecnológico, publicidad agresiva y miles de sabores atractivos (vainilla, chocolate, frutas), buscan eliminar la percepción de riesgo y atraer a un público adolescente. Según la evidencia científica, los jóvenes que vapean tienen una probabilidad mucho mayor de acabar fumando cigarrillos convencionales en menos de un año. De hecho, en los países con más datos, la probabilidad de vapear es, de media, nueve veces mayor entre los adolescentes que entre los adultos. “El mal llamado vapeo se extiende entre la población, como una epidemia silenciosa, sin que las autoridades sanitarias ni las de consumo regulen un producto que es perjudicial para la salud, al aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, metabólicas y de cavidad oral”, advierte la especialista. Nerín critica que estos productos se puedan adquirir “con facilidad en múltiples puntos de venta fuera de los estancos y que es consumido por adultos, jóvenes y adolescentes sin ningún control”. La doctora Nerín insiste en desmontar el principal engaño de estos productos: el nombre. “Lo que empezó siendo el cigarrillo electrónico (e-cig) pasó a llamarse ‘vapeo’, término que induce a la confusión al asociar el producto que se inhala con un vapor”. En realidad, lo que se inhala es un aerosol: un gas con partículas en suspensión que contiene numerosas sustancias tóxicas y carcinógenas. Este aerosol se genera al calentar un líquido que, la mayoría de las veces, contiene nicotina, una sustancia muy adictiva. Entre las sustancias químicas presentes en los líquidos de los vapers destacan el propilenglicol, compuestos como el formaldehido (un conocido carcinógeno), metales pesados como el níquel, el plomo o el mercurio, y partículas PM 2,5. Aunque algunos aditivos sean seguros por vía oral, “no se ha demostrado que lo sean cuando se inhalan”. La principal diferencia con el cigarrillo tradicional es la temperatura del proceso (unos 300 ºC en el vapeador frente a 900 ºC de la combustión), lo que reduce la concentración de tóxicos, pero no los elimina. “Eso no significa que pueda denominarse como saludable”, sentencia Nerín. Las alarmas sobre su peligrosidad ya han saltado en varias ocasiones, como cuando cuatro adolescentes tuvieron que ser atendidos por una intoxicación tras usar en su instituto un vapeador con marihuana. Sin embargo, para los expertos, las alarmas sonaban desde mucho antes. En países como Estados Unidos, donde su uso se extendió antes, ya se ha descrito un nuevo cuadro respiratorio grave, denominado EVALI, que ha causado incluso muertes en jóvenes y adolescentes. Mientras el debate sanitario crece, las ventas se disparan. Datos del Comisionado del Mercado de Tabacos muestran que en 2023 se vendieron más de 24 millones de euros en productos de tabaco calentado. Ante esta situación, los expertos reclaman una regulación urgente. “Lo primero que deberíamos de hacer sería equiparar todos estos productos a lo que es el convencional en cuanto a promoción, fiscalidad, publicidad y accesibilidad a los puntos de venta”, exige la doctora Nerín. La experta recuerda que las leyes de 2005 y 2010 fueron un punto de inflexión al limitar el consumo en espacios públicos, lo que ayudó a “desnormalizar” el tabaco, un efecto con un “impacto enorme en los niños y en las personas más jóvenes”. Sin embargo, desde entonces no ha habido avances regulatorios, y la falta de control sobre los vapers amenaza con revertir esos logros. La única regulación actual es la prohibición de venta a menores, una norma cuyo cumplimiento es “muy relativo”. El tabaquismo sigue siendo uno de los mayores problemas de salud pública a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es factor de riesgo de más de 20 tipos de cáncer y de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, causando más de 7 millones de muertes al año. El humo también es letal para los no fumadores, provocando 1,6 millones de muertes anuales. En España, se estima que mueren cerca de 3.000 fumadores pasivos cada año, 182 de ellos en Aragón. La doctora Isabel Nerín ha sido recientemente premiada por la asociación Nofumadores.org por su trabajo de décadas en la investigación y asistencia a fumadores. Es doctora en Medicina y Cirugía, licenciada en Psicología, especialista en Neumología y directora de la Cátedra SEMG-Estilos de Vida de Unizar, lo que la posiciona como una de las voces más autorizadas del país en la lucha contra el tabaquismo.
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