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Daniel Lacalle, economista: "La IA no es comparable a una burbuja inmobiliaria como la de 2008, las tecnológicas que invierten se sitúan en cifras mucho más modestas" | Collector
Daniel Lacalle, economista:
Cope Zaragoza

Daniel Lacalle, economista: "La IA no es comparable a una burbuja inmobiliaria como la de 2008, las tecnológicas que invierten se sitúan en cifras mucho más modestas"

Un polémico informe de la Vanderbilt University ha encendido las alarmas al predecir una crisis financiera provocada por la inteligencia artificial (IA) que podría ser peor que la de 2008. El documento, titulado “After the AI Crash” y elaborado por Asad Ramzanali, director de IA y políticas tecnológicas de la institución, sugiere que existe una gigantesca burbuja de inversión en el sector que amenaza con estallar y golpear duramente la economía global. Sin embargo, un análisis detallado del economista Daniel Lacalle en su canal de YouTube cuestiona la validez de estas conclusiones. Según Lacalle, el informe presenta una narrativa distópica que, aunque parte de algunas premisas plausibles, llega a conclusiones exageradas para justificar un programa de intervención estatal y regulatorio muy agresivo. La principal crítica al informe es su metodología. Se señala que el documento carece de datos sólidos y se apoya en afirmaciones y gráficos que no ilustran cifras relevantes. Por ejemplo, presenta la deuda de las empresas tecnológicas en términos absolutos, lo que magnifica la percepción del riesgo, en lugar de usar cifras relativas como la deuda neta sobre EBITDA, que mostraría un apalancamiento bajo, de apenas 1,2 veces en el escenario más agresivo. Además, el informe de Ramsanali asume que la inversión masiva en IA no generará una rentabilidad económica real, ignorando los ingresos futuros que se esperan de estas tecnologías. También se critica que el documento confunde el riesgo de balance de una empresa con el riesgo de mercado y el riesgo sistémico, que son tres conceptos completamente diferentes. La comparación con la crisis financiera de 2008 es, según el análisis, el punto más débil. Aquella crisis tuvo su epicentro en la vivienda, un activo universal, muy apalancado y empaquetado en productos opacos con garantía estatal. En cambio, la infraestructura de IA no tiene esa naturaleza sistémica ni supone un porcentaje tan elevado en los activos de la banca. El nivel de apalancamiento es otra diferencia clave. Mientras las empresas inmobiliarias en 2008 superaban las 5 o 7 veces su EBITDA, las tecnológicas que invierten en IA se sitúan en cifras mucho más modestas. El análisis también refuta la afirmación de que la IA es el único motor de la economía de Estados Unidos, ya que sin ella, el país seguiría creciendo por encima del 1,8%, más que la mayoría de economías comparables. El análisis de Lacalle sugiere que el informe “After the AI Crash” tiene una agenda política oculta. Se argumenta que el documento “usa un salto de fe para hablar de un posible crash como ventana de oportunidad” para impulsar reformas que buscan el intervencionismo estatal absoluto en el sector tecnológico. Entre las propuestas del informe se encuentran la creación de una nube pública o tratar a las empresas de infraestructura digital como si fuesen eléctricas, bajo una estricta regulación. La conclusión es que el verdadero objetivo no es la prudencia financiera, sino que “lo que busca es el control estatal de las infraestructuras y de las redes tecnológicas”. En definitiva, aunque es válido debatir sobre los riesgos financieros y la posible sobrevaloración en el sector de la IA, la narrativa de un colapso inminente similar al de 2008 parece exagerada. La transparencia con la que se debaten estos riesgos hoy en día es precisamente lo que hace imposible una crisis como la de 2008, que fue negada por los organismos públicos hasta el final.

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