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Llegada accidentalmente a Ibiza hace apenas dos décadas oculta entre olivos importados desde la Península, la expansión de la culebra herradura está causando un auténtico colapso ecológico. Ya ocupa más del 90% de la isla y está llevando al borde de la desaparición a la lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis), especie endémica que solo existe en Ibiza, Formentera y sus islotes. La situación preocupa especialmente a los científicos porque la invasión ya no afecta únicamente a la isla principal. Investigaciones lideradas por el CREAF han confirmado que estas serpientes son capaces de nadar hasta islotes donde sobrevivían algunas de las últimas poblaciones únicas de lagartijas y en varios de esos enclaves, la especie ya se ha extinguido por completo. «Al principio pensábamos que las primeras serpientes encontradas en los islotes habían llegado accidentalmente, quizá vinculadas a embarcaciones o al transporte humano. Pero, a medida que recopilamos vídeos, fotografías y testimonios de serpientes nadando en mar abierto, entendimos que eran capaces de llegar por sí mismas», explica Oriol Lapiedra, investigador del CREAF y autor principal del estudio. La investigación, publicada en la revista Ecology, documenta cómo la culebra de herradura ha colonizado prácticamente toda Ibiza en menos de veinte años. Según los datos del equipo, en 2010 la especie ocupaba menos del 5% del territorio; en 2016 ya rondaba el 40%, y en 2025 supera el 90%. Los investigadores describen la expansión como un proceso extremadamente rápido. «Cuando la serpiente conquista una nueva zona puede tardar menos de tres años en extirpar toda la población de lagartijas; la invasión se mueve como un incendio, con un frente que avanza a medida que se acaba la comida», señala Lapiedra. La lagartija pitiusa no es solo un reptil endémico. Forma parte de la identidad visual y cultural de las islas que aparece en artesanía, recuerdos turísticos y elementos decorativos, pero además desempeña funciones fundamentales en el ecosistema mediterráneo ya que actúa como polinizadora, dispersa semillas y ayuda a controlar poblaciones de insectos. Su desaparición podría desencadenar efectos en cadena sobre la vegetación y otros animales del entorno. Además, las poblaciones repartidas entre Ibiza, Formentera y cerca de cuarenta islotes han evolucionado aisladas durante miles de años, generando variaciones únicas de color y genética. Algunas presentan tonos verdes intensos; otras, azules, negros o grises. Esa diversidad ha convertido a la lagartija pitiusa en una especie especialmente valiosa para la comunidad científica internacional. «Perder estas poblaciones evolutivamente únicas significa que nunca volveremos a ver ejemplares iguales», advierte Lapiedra. El problema es especialmente grave en los islotes pequeños donde unas pocas serpientes pueden acabar con toda una población en cuestión de meses. Uno de los casos más preocupantes es el del islote de Santa Eulària. Entre 2023 y 2025, los investigadores instalaron trampas y capturaron hasta 58 serpientes. Paralelamente, las lagartijas desaparecieron casi por completo. Si en 2016 se habían registrado 72 ejemplares, en 2023 solo quedaban tres y en 2025 ya no se observó ninguno. «Confirmamos la extinción local de la población», explica Guillem Casbas, investigador predoctoral del CREAF y también autor del estudio. Santa Eulària no es el único caso. También han desaparecido poblaciones en islotes como s'Ora, pérdidas consideradas irreversibles porque esas variantes genéticas y cromáticas no existen en ningún otro lugar del planeta. La historia de esta invasión comenzó con el traslado de olivos ornamentales desde la Península. Entre las raíces y troncos viajaban ocultas las serpientes, que encontraron en Ibiza un entorno ideal con abundancia de alimento, temperaturas favorables y ausencia de grandes competidores naturales. La lagartija pitiusa, aislada evolutivamente durante miles de años, nunca había convivido con un depredador de estas características y no desarrolló mecanismos de defensa frente a él. Con el tiempo, la culebra no solo se alimentó de lagartijas. Los investigadores han comprobado que también consume ratones, aves, murciélagos y musarañas, alterando progresivamente todo el equilibrio ecológico de la isla. «Esto provoca efectos ecológicos en cascada muy preocupantes ya que dejan de realizarse funciones clave como la polinización de flores y plantas cultivadas, la dispersión de semillas o el control de insectos que puede evitar plagas», explica Guillem. Además, la ausencia de competidores y la abundancia de alimento han provocado además un crecimiento inusual de las serpientes y algunos ejemplares capturados alcanzan los dos metros de longitud, tamaños muy superiores a los habituales en la Península. Ante la velocidad del avance, los científicos trabajan para salvar algunas poblaciones antes de que desaparezcan definitivamente. En colaboración con el Govern balear y el Zoo de Barcelona, varios ejemplares de lagartija están siendo trasladados para desarrollar programas de cría en cautividad. El objetivo es preservar parte de esa diversidad genética única mientras continúan las labores de control sobre la serpiente invasora. Pero la amenaza sigue creciendo. La culebra de herradura ya ha sido detectada también en Formentera, donde vive otra variante propia de lagartija pitiusa. Los investigadores temen que, si la expansión continúa al mismo ritmo, la historia pueda repetirse allí en pocos años. La desaparición de la lagartija pitiusa supondría mucho más que la pérdida de un reptil. Implicaría borrar una especie ligada a la historia natural y cultural de las Pitiusas y alterar profundamente un ecosistema que evolucionó durante miles de años sin ese depredador. Y todo por una invasión que comenzó escondida entre las raíces de unos olivos.
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