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La universidad pública andaluza vive hoy una paradoja difícil de sostener: mientras se celebra — con razón— la gratuidad creciente de las matrículas como un avance en equidad, se ha consolidado al mismo tiempo una dependencia casi absoluta de un único financiador, la Junta de Andalucía. Este modelo, que en apariencia refuerza el carácter público del sistema, encierra sin embargo una fragilidad estructural: al desaparecer la contribución directa del estudiantado como fuente relevante de ingresos, las universidades ven limitada su autonomía financiera quedando sujetas a los ciclos políticos, presupuestarios y a las prioridades cambiantes de la administración autonómica. En este contexto de dependencia, el cambio en el ciclo político ha introducido un giro en la concepción del sistema universitario andaluz.... Ver Más
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