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La soledad de la libertad | Collector
La soledad de la libertad
Diario CÓRDOBA

La soledad de la libertad

Me pides mi opinión sobre esto, aquello, lo otro y lo de más allá. Pues siento invitarte a que te formes tú mismo tu opinión, que es como decirte que te atrevas a ser libre, te cueste lo que te cueste. Ya sé que esto resulta más difícil cada día, y, sobre todo, más peligroso: pagas el precio de la soledad más absurda. ¿Que cuál es la prueba de que piensas en libertad? Pues que, por ejemplo, vas por la calle y un amigo, o amiga, que creías de toda la vida, con quien compartes muchos recuerdos, ahora no te dice ni adiós, y respiras en el aire su desprecio, su odio, su inquina, al mismo tiempo que te preguntas una y otra vez por qué, al mismo tiempo que analizas con meticulosidad neurótica qué le has hecho, y no encuentras nada; la inquina por puro deporte del odio, porque un día opinaste algo que a ese que creías amigo le hizo encoger la nariz, olisquearte y colocarte enseguida su adjetivo que te corresponde: «Tú lo que pasa es que eres…». Y, ¡hala!, en dos palabras ya sabes lo que eres, y encoge el morro por el tufo desagradable que desde ese momento le ha llegado de ti. ¡En dos palabras te ilumina tu ser y tu existencia!, eso que llevas buscándote toda la vida. Y asunto resuelto, por querer pensar libremente, por querer emitir libremente una opinión. Y ves cómo la libertad levanta ante ti un desierto inacabable, en el que la soledad se te va imponiendo allá donde mires. Y ves que la realidad es que el pueblo, o sea, tú, y yo, y aquel, se va quedando sin ascua y sin sardina, sin ropa y sin baño. Y no sabes si ves gigantes o ves molinos, porque la realidad es que don Quijote está tirado por los suelos, destrozado, y Sancho mesándose las barbas y tratando de enseñarle la realidad, este drama que cada día tanto nos manipula el Poder para que nos perdamos unos de otros y nos quedemos solos cada uno frente a ese Poder.

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