ABC
Mi tía Teresa que, en su manera de contarnos historias, podría haber sido pionera del realismo mágico, insistía en que había que prestar mucha atención a estar verdaderamente muertos, porque era posible, y había sucedido en muchas ocasiones, que te enterrasen vivo. Inventaba sucesos en los que, al abrir el ataúd, pasado el tiempo, habían encontrado la tapa raspada por las uñas del difunto. Conocía –seguro que había leído el cuento 'El entierro prematuro' de Poe– que un hombre diagnosticado de catalepsia había remodelado la cripta familiar y colgado del techo una gran campana, con una cuerda que pasaba por un agujero del ataúd y se ataba a la mano del cadáver, para que este pudiese tocarla en caso de... Ver Más
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