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Después de que un tutorial de internet me ayudara a arreglar un problema del lavavajillas, me animé y escribí: “Sentido de la vida, tutorial paso a paso”. Lo hice un poco en broma, pero me respondieron en serio. Descubrí vídeos en los que alguien sostiene filosóficamente una taza de café mientras señala con el dedo una flecha roja que apunta a su propia cabeza. “Quédate hasta el final”, advierte el título, como si el sentido de la vida fuera un sorteo y hubiera que esperar al último minuto para saber si nos ha tocado. Están los tutoriales exprés, de menos de un cuarto de hora, pensados para personas a las que el hallazgo del sentido les corre una prisa enorme. “Tres claves para encontrar tu propósito (la número dos te sorprenderá)”. Uno los sigue con disciplina: se compra una libreta, escribe “mis valores” en la primera página y, al cabo de dos días, descubre que sus valores han cambiado porque ha visto otro vídeo mejor editado. El sentido de la vida compite con la calidad de la imagen.
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