INFORMACION
Hay una escena que se repite en miles de casas con mascotas. Te sientas a comer, coges el tenedor y, de pronto, aparece esa mirada fija desde abajo. El perro no ladra, no se mueve, no hace falta. Solo pone cara de pena. Y ahí empieza la duda: ¿le puedo dar un trocito o mejor no?
Go to News Site