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Vecinos del Puente Zurita en Santa Cruz denuncian la presencia de personas pernoctando en el Barranco Santos: "Acumulan basura y consumen drogas" | Collector
Vecinos del Puente Zurita en Santa Cruz denuncian la presencia de personas pernoctando en el Barranco Santos:
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Vecinos del Puente Zurita en Santa Cruz denuncian la presencia de personas pernoctando en el Barranco Santos: "Acumulan basura y consumen drogas"

El sinhogarismo se ha cronificado en Tenerife. La reciente memoria anual de Cáritas Diocesana de Tenerife ha puesto cifras a una realidad social que golpea con dureza la isla: el número de personas sin hogar ha aumentado un 70% en los últimos cinco años. El director provincial de la entidad, Juan Rognoni, ha alertado en Herrera en COPE Tenerife de que esta situación se agrava por problemas de salud mental y adicciones, y ha revelado que la población migrante representa entre el 50% y el 80% de las personas que atiende la organización. Según recoge su Memoria Institucional, Cáritas atendió en 2025 a un total de 3.625 hogares y 12.466 personas (entre ellas 2.250 menores de edad), a través de los 17 arciprestazgos que conforman la Diócesis Nivariense y de los diferentes programas y proyectos que desarrolla, un 16,5% menos de beneficiarias que en 2024. Sin embargo, recalcan, la cifra visibilizaría que la exclusión es un "fenómeno continuado" en la estructura social y económica de las islas, destacando como sus principales motores la falta de acceso a la vivienda y un empleo que "ya no protege por su debilidad salarial frente al aumento del coste de la vida".Además, según los datos recogidos, muchas de estas personas llevarían más de dos años acudiendo a alguno de los servicios ofrecidos por Cáritas, una tendencia que previsiblemente se mantendrá a lo largo de este 2026. Pero más allá de las frías estadísticas, el día a día en las calles de la capital tinerfeña dibuja un mapa de supervivencia y exclusión. Un ejemplo gráfico de esta crisis se vive bajo el puente Zurita, en Santa Cruz de Tenerife, donde los vecinos de la Asociación de Vecinos La Arboleda, en la zona de Salamanca, llevan meses denunciando la acumulación de basura y la presencia de asentamientos improvisados. La situación pone de manifiesto cómo espacios públicos se están convirtiendo en el último refugio para quienes no tienen un techo. José Guillén, directivo de la asociación vecinal, describe un panorama desolador. El problema, según denuncia, es doble. Por un lado, el cauce del barranco se ha transformado en un vertedero incontrolado. “La acumulación de basura que se está produciendo no solo es de esta gente, sino que mucha gente ha tirado muebles al cauce del barranco”, explica. Guillén relata cómo, tras las últimas lluvias, bajaban “lavadoras y neveras enormes”, una muestra del incivismo que degrada la zona. Por otro lado, el área bajo el puente se ha convertido en un punto de cobijo y consumo de drogas. “Hay una parte ahí que queda como oculta, te metes debajo y te guareces de la lluvia”, detalla Guillén, quien asegura que el lugar “se está usando como sitio de consumo de drogas, gente que va a fumar crack”. Esta situación genera una enorme preocupación por el riesgo que supone para las personas que frecuentan la zona, especialmente los más jóvenes, que han sido vistos en el lugar. La demanda de los vecinos es clara: “que cierren un lateral y que ponga una puerta de hierro”. En zona se encuentran pernoctando personas de alta vulnerabilidad, incluso en silla de ruedas, pero Guillén matiza que la realidad es más amplia y afecta a toda la ciudad. “Cada vez hay más gente en plazas, en coches, en bancos”, afirma. Contrariamente a los datos de Cáritas, que apuntan a una mayoría de migrantes extranejeros, el representante vecinal subraya el origen de muchas de estas personas: “Son gente de aquí, la mayor parte, y son gente canaria o española. De fuera no lo he visto, he visto gente de aquí”. La conversación destapa una sensación de agravio comparativo. Guillén expresa su apoyo a la atención humanitaria para los migrantes que llegan en patera, pero inmediatamente contrapone esa realidad con el abandono de los locales. “Yo entiendo que se atienda lo mejor posible, pero, ¿y a estos de aquí los dejamos?”, se pregunta,. “Un año en la calle te envejece”, añade, describiendo la reaidad de personas que tienen que buscarse la vida para ducharse, comer y medicarse viviendo a la intemperie. La situación bajo el puente Zurita es el reflejo de una crisis que, como advierte Cáritas, se ha cronificado. Son los “números con nombre y apellidos” de un problema que crece a la vista de todos en Tenerife, un drama humano que desafía la imagen de paraíso y exige una respuesta coordinada y urgente por parte de las administraciones.

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