El Plural
Los de la derecha no nos dejan respiro a los que queremos un país democrático, tranquilo y en paz. A veces, buscando alguna similitud amable a esta cuestión, me aparece en la mente Godofredo, un compañero de Secundaria que se lo pasaba pipa haciendo de rabiar a todo el que podía. Acosaba, malmetía, asediaba e importunaba a diestro y siniestro. Por supuesto, su cinismo no tenía fin, y mentía más que hablaba. Como yo era tímida y "buenecita", no me libré de ser una de sus víctimas. Hasta que un día sobrepasó límites y le solté una buena bofetada; que no fue premeditada, sino una reacción automática ante una de sus feas provocaciones. Entonces, con apenas catorce años, yo no sabía nada sobre la maldad humana, que es la ausencia de conciencia, y sobre esas perturbaciones que en algunas personas producen la búsqueda, para satisfacción o interés propios, del mal o el dolor ajeno. La había percibido más de una vez, pero no sabía bien ponerle nombre. Muchos años después he aprendido muchas cosas sobre la maldad que, en su versión extrema se llama psicopatía y que es mucho más frecuente y cotidiana de lo que la gente cree. He leído libros, he asistido a conferencias, me he visto muchas entrevistas de los grandes expertos en la materia. Conocer la maldad es la única manera de entenderla y de poder vencerla; en todos los ámbitos de la vida, por supuesto incluida la política. En este sentido, decía el filósofo italiano Norberto Bobbio que "más que corrupción, el fascista practica la maldad". Y parece que en esas estamos. El terrible bullying o acoso escolar, el maltrato, el machismo en su peor cara, las dictaduras, genocidios, guerras, o cualquier situación en la que una persona se siente con potestad de dominar, humillar y someter al otro son situaciones en las que suele tener mucho que ver la ausencia de conciencia y de empatía; y eso justamente es, en síntesis, el narcisismo extremo o psicopatía, llamado también maldad extrema. Probablemente la mente de Godofredo encajaba en ese molde, como en el de todos los niños que hacen bullying a compañeros en los colegios. O como tanta gente, de cualquier edad, que para satisfacer sus pretensiones, sin remordimiento ni conciencia alguna, extorsionan, sabotean o hieren a los demás. Sencillamente no sienten nada al destruir a otros, o incluso disfrutan haciéndolo. Pues es como algo así lo que percibo en el trasfondo de todos esos tejemanejes judiciales y mediáticos de las derechas para cargarse a su contrincante, el gobierno progresista de Pedro Sánchez. Algunos les llaman lawfare o guerra jurídica, que consiste en inventar o manipular determinadas circunstancias, que, en base a una publicación falseada en algún pseudo-medio afín, y financiado generosamente, por supuesto, por los interesados, acaba en una querella judicial que, aunque tras años quede en nada, en ese camino ha destruido, o al menos, ha puesto en duda el prestigio y la credibilidad, de cara a la opinión pública, del o las...
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