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Los misterios de 'From' y el síndrome 'Perdidos' | Collector
Los misterios de 'From' y el síndrome 'Perdidos'
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Los misterios de 'From' y el síndrome 'Perdidos'

No son solo los aviones, las carreteras de Estados Unidos también las carga el diablo. En una curva puede aparecer una niña en camisón o una arpía anciana que mata ahogando con las piernas, como en 'La maldición de Widow's Bay', y a veces basta un tronco para certificar un destino aciago. Pasa en 'From' , donde los protagonistas tropiezan con la dichosa madera y el quiebro les condena a vivir en un pueblo sin nombre y sin memoria, donde por las noches se pasean unos monstruos con sonrisa infinita y por el día campan las caras largas. A veces hay amor, aunque el culebrón del que abusa la serie de HBO Max es el misterio. Hay tantos 'cliffhangers' como cabos sueltos , nuevas reglas, pocas explicaciones, curas mágicas y decisiones improvisadas que cierran tramas deslavazadas sobre la marcha. Hay tantas preguntas como en la vida, pero también muchas menos respuestas. Todo sirve para engatusar, enganchar. Incluso pasar por ahí para ver cómo no pasa nada. Lo que no hay, de momento, son soluciones. Y la serie se estrenó hace cuatro años. Con una cuarta temporada en emisión, que ha reprogramado por sorpresa su capítulo semanal para perpetuar todavía más la temporada y su idilio con las audiencias, el drama no es que un puñado de personas sigan atrapadas en ese pueblo sin salida sino que lo haga el espectador, que un cuarto de siglo después de la traición del final de 'Perdidos' sigue cayendo en la misma trampa. 'Perdidos' cambió las reglas del juego y del tiempo con una nueva narrativa que contemplaba las cronologías complejas y la ruptura de la estructura tradicional que regía los procedimentales de la televisión en abierto, con tramas que se cerraban al término de cada episodio, pero el precio de hacerlo fue faltar a un pacto que existe casi desde que el mundo es mundo y el ser humano se sentaba a contar historias alrededor de una hoguera: la persona que comienza a contar una historia se compromete a saber y revelar su final, lo contrario es una estafa. El motor de la serie de J. J. Abrams y Damon Lindelof era el propio enigma, conocido como 'la caja de misterios', revestido de artificios y trucos, y cada respuesta generaba tres preguntas nuevas. 'From' hereda lo mejor y lo peor de 'Perdidos', desde el espeso humo argumental hasta su esqueleto creativo. No están J.J. Abrams ni Damon Lindelof, pero sí al director y productor ejecutivo Jack Bender , responsable de los finales de temporada más icónicos de 'Perdidos'; Jeff Pinkner , productor ejecutivo y guionista clave de la serie que en 'From' ejerce también de 'showrunner' y el guionista Javier Grillo-Marxuach . El nexo más evidente es el actor Harold Perrineau , que interpretó a Michael Dawson en 'Perdidos' y ahora protagoniza 'From' como Boyd Stevens. En ambas series, además, los sucesos se superponen, a veces de forma espídica y otras a ritmo lento, aletargado, según el interés de los guionistas por avanzar y cerrar ciertas líneas argumentales. La tragedia del capítulo anterior atropella la siguiente, y bajo la envoltura seria, preocupada, todo termina siendo un poco hilarante, histriónico, exagerado. En 'Perdidos' el final llegó de forma improvisada, precipitada. Ahogados por el tiempo, estirada hasta la extenuación, con las costuras visibles y cansada hasta de su propio relleno, sin remedio para solventar los asuntos pendientes, los flecos, para unir todo lo propuesto. 'From' va por la misma carretera. Estás todavía digiriendo que el señor anciano de amarillo se ha convertido en una adolescente fanática religiosa cuando aparece un grupo de muñecos gigantes de trapo que emergen del lago, donde han acudido porque se lo dijo un muerto a su hijo, para destripar a un extra. La cara de figurante se le ve a la legua, antes incluso que las intenciones del espantapájaros, que tarda más en moverse que los actores en cambiar el gesto de sorpresa. Lo peor de todo de 'From' no es que nada avance sino la falta de curiosidad de los integrantes del pueblo. Al contrario que el espectador, plegado a teorías a veces más surrealistas que la propia trama, en el pueblo maldito nadie comenta lo sucedido, lo descubierto, ni se pregunta nada. Un pacto de silencio forzado por los guionistas para estirar el misterio. Todo, o casi, se resolvería si Victor, el que más tiempo lleva en el lugar, desde que era niño, testigo de la barbarie y conocedor de algunas de las grandes claves de la ficción, no lleve décadas guardando secretos vitales y solo los mencione cuando un personaje principal está en peligro, como un punto gatillo que activan los guionistas para avanzar en lo imposible. Encerrado en su mente, apacigua sus traumas silenciando su memoria. A otros, en cambio, les persiguen los recuerdos, inconexos casi siempre, reiterativos, persistentes. Como a Tabitha o Jade, acosados por las zombificadas apariciones de unos niños que repiten, machaconamente y en otro idioma, 'anghkooey, anghkooey' (recuerda, recuerda). 'From', al final, habla constantemente de recordar, de buscar en el pasado, a veces a través de viajes temporales, de historias escritas, de dibujos, lo que ha pasado en el pueblo, pero el propio concepto de la series es lo transitorio, lo efímero, lo que no se dice, lo que se olvida porque se calla o se muere. No hay protocolo de supervivencia ni tampoco una sociedad en ese pueblo sin nombre, a pesar de que haya partidas de búsqueda de alimentos y ciertas jerarquías. Tampoco una memoria colectiva, que es la esencia misma de una sociedad civilizada y una de las razones por las que están atrapados, en bucle, intentando escapar, acostumbrados a sobrevivir un día más. El tiempo apremia, y a 'From' le queda lo que resta de temporada y otra más para conseguir un final digno. Atrapado en su misterio, el público todavía recuerda, como piden esos niños muertos, con desconfianza el cierre de 'Perdidos'.

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