Diario CÓRDOBA
El pasado 13 de abril, en la base surcoreana Jang Bogo de la Antártida, un investigador sufrió un brote de ira y persiguió a sus compañeros con un cuchillo de 20 cm. Tras ser reducido y confinado tres semanas, lo evacuaron en pleno invierno austral. Este incidente no es un hecho aislado; otras expediciones han registrado agresiones y casos de acoso sistemático. El suceso muestra la cara mala del aislamiento extremo: el violento desgaste que provoca la convivencia forzada. A veces, el verdadero peligro para la mente humana no es la soledad sino estar juntos a la fuerza.
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