La Opinión de Málaga
En mi ya remota infancia, en aquellos machadianos días azules y de sol, los sábados se hacía limpieza general. No solo en mi casa, en todas las casas. Eran otros tiempos y otras costumbres, las viejas costumbres. Vivíamos de otra manera. El vecindario era como un pueblo en miniatura, como una tribu grande en la que casi todo lo compartíamos, acaso de una manera no prevista, no estudiada, no decidida. Eran así las cosas todavía, la vida era más comunitaria, menos individualista y creo que más humana. Nos conocíamos.
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